Visión 2.0 | ¿Los memes valen más que mil palabras?

Marí­a Eugenia Peña de Arias.-

Las nuevas tecnologí­as facilitan la viralización de los memes. Foto: photopin (license)

El viernes pasado las redes sociales se relajaron ante una inusual noticia: la vicefiscal designada por el Tribunal Supremo de Justicia intentó ingresar a la sede del Ministerio Público en la maleta de un carro. Podrí­a pensarse que el humor de los venezolanos, a flor de piel hasta en los momentos más difí­ciles, no dejarí­a pasar algo así­. Efectivamente, por las redes sociales empezaron a circular chistes, comentarios mordaces y, por supuesto, memes.

Los memes no son en lo absoluto un fenómeno local ni nuevo. Ya Richard Dawkins los habí­a definido en los 70 como la unidad mí­nima de información cultural que se puede transmitir. Los memes se comparten, se interpretan, se reinterpretan, se transforman y en tiempos 2.0 se hacen virales. Por qué unos son más populares que otros, por qué unos se modifican y otros se mantienen originales, es difí­cil saberlo. Al ser una pieza que provoca la interacción social las posibilidades de retransmisión y reinterpretación son variadí­simas.

Los memes tienen sus defensores y sus detractores. La publicidad ha encontrado en ellos oportunidades para acercar las marcas a las audiencias, sobre todo cuando estas son muy jóvenes. Los millennials y las generaciones posteriores los disfrutan, comparten e intervienen, y prácticamente han convertido a los memes en expresión fundamental de sus dinámicas culturales.

Por otra parte, se ha criticado que los memes solo transmiten banalidades, que si son tan plásticos para comunicar prácticamente cualquier idea entonces no comunican nada, y que son la máxima expresión de una video-cultura que poco ayuda -y más bien obstaculiza- el pensamiento racional. Hay quienes los detestan porque no los entienden, muchos de ellos son los mismos que siguen esperando con ansia que Twitter finalmente extienda los 140 caracteres.

No pareciera que los memes van a pasar de moda en el corto plazo, así­ que más bien convendrí­a entender su lógica y sacarles partido. Vale la pena pensar en que si son privilegiados exponentes de la cultura popular actual, tratar de comprenderlos nos permitirá conectar con las personas porque sabremos qué tienen en mente. Como señala el Prelado del Opus Dei en su más reciente mensaje, “es preciso conocer en profundidad el tiempo en el que vivimos, las dinámicas que lo atraviesan, las potencialidades que lo caracterizan, y los lí­mites y las injusticias, a veces graves, que lo aquejan”.

Los memes pueden invitar a buscar más información. Varios de mis alumnos me han comentado que cuando no entienden el meme buscan información sobre el tema, muy pocas veces lo dejan y ya. Habrí­a que explorar las posibilidades pedagógicas de estas piezas para dar un paso más allá de la curiosidad y encaminar a las personas al conocimiento.

Los memes suelen provocar risa y todos necesitamos momentos de distensión. Quizás se les podrí­a dar  la vuelta para pasar de reí­rnos de los otros a reí­rnos con los otros, que es manifestación de camaraderí­a y amistad.

Se ha dicho que los memes solo necesitan cuatro segundos para impactar, pero se olvidan rápidamente. Esto pareciera producto de la falta de atención de quienes los ven y no un defecto del género. Hay imágenes que, aunque no valen más que mil palabras, se quedan grabadas en la memoria. Quizás es momento de empezar a ver los memes como oportunidades para sembrar ideas significativas y trascendentes; todo un reto para quienes ven en la tecnologí­a una herramienta maravillosa para comunicar y se toman la molestia de encontrar la mejor manera de hacerlo en el vertiginoso entorno 2.0.

* Marí­a Eugenia Peña de Arias es decana de la Facultad de Ciencias de la Comunicación e Información de la Universidad Monteávila.

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