Leer y correr | Libricidio

Luisa Caruto.-

La Biblioteca UMA conserva invaluables joyas. Foto: Carolina Sánchez

Estos artículos tratan sobre las aventuras y curiosidades del mundo bibliotecario buscando explicar aspectos propios de la profesión. Se quiere en esta oportunidad comentar sobre los siniestros que pueden ocurrir en las bibliotecas, que no son otra cosa más que la desaparición de forma intencional del libro, así como su destrucción parcial.

El acto de sustraer un libro de una biblioteca para uso personal o comercial es un delito que se paga con prisión. La Biblioteca Joanina de la Universidad de Coimbra en Portugal contaba con su propia policía y jurisprudencia, con lo que mantenían bajo control a los estudiantes. Ellos quedaban en manos de la justicia universitaria en caso de cometer desmanes, obligándolos a cumplir pena en la cárcel de la universidad. Las razones más comunes para ir a la prisión universitaria eran por robar, causar conflictos y por perder o dañar un libro. Esa pena podía llegar a meses de encierro. La cárcel estuvo abierta hasta 1834.

Esta desafortunada práctica ocurre en la biblioteca UMA, quedando cada vez más sorprendidos con la forma como actúan los “libricidas”. Las distintas tácticas van desde tomar un libro de la estantería y pasar por la puerta sin considerar la advertencia del detector. Otra forma más invasiva es la de pasar con bolsos o carteras para la estantería, desprender el precinto de seguridad y colocar el libro dentro para luego huir con el mayor descaro.

Este “crimen organizado” perpetrado en la institución obliga a tomar medidas cada vez más drásticas: colocar los bolsos dentro del locker para poder pasar a la estantería; solicitar ayuda del referencista para ubicar el libro necesitado; revisar los morrales cuando suena el detector; reforzar la vigilancia.

Las ralladuras, tachaduras y mutilación de libros puede parecer una trivialidad, pero para un bibliotecario se convierte en un desagravio tanto al autor y al libro, así como a la institución  que lo alberga. El líder espiritual indio Bhagwan Shri Rashnish, fundador del movimiento Osho, tenía una biblioteca personal de 150.000 libros, odiaba rayarlos por considerar su compilación el tesoro más preciado que poseía. Sus familiares y amigos usualmente tomaban libros prestados y en caso de ser alterados, Osho optaba por reemplazar el ejemplar rayado.

El hurto y alteración de los libros es un fenómeno mundial que se acentúa en la estantería abierta, pero no se puede obviar las bondades de esta modalidad de acceso.

La estantería abierta es una tendencia moderna que permite explorar a fondo la colección.  Va de la mano con el postulado del libre acceso a la información. Mientras el usuario tenga un abanico de posibilidades contribuye con su avidez por la lectura, puede escoger libremente la información que requiere y se promueve el uso educacional de la biblioteca. El usuario puede conocer de primera mano las diferentes colecciones. Entra en confianza con el objeto libro, su organización y clasificación, lo que le permite abrirse a un universo de sistematicidad y orden que es desplazable a muchas áreas del conocimiento y de la vida.

La bibliotecología es tanto arquitectura como arqueología del saber, percepción que solo obtiene el usuario frecuente de la biblioteca, el que se hunde en el favor y fervor de la lectura. Se aspira que el estudiante y profesor sea un usuario que confíe en el saber que atesora su alma mater.

Se propone hablar de temas más amigables que abran al lector a un mundo de conocimientos que con esmero y esfuerzo se organiza, cataloga y preserva, pero es necesario que se sepa que quienes no devuelven los libros o los hurtan atentan contra el futuro. Parte del trabajo de preservar el acervo es adelantarse al deterioro y la pérdida de libros. Se alerta a la comunidad que la biblioteca está consciente de lo que ocurre y se toman las medidas pertinentes para que no continúe el empobreciendo del patrimonio bibliográfico de los actuales y futuros estudiantes, profesores y trabajadores de la Universidad Monteávila.

* Luisa Caruto es coordinadora de la Biblioteca UMA.

* Carolina Sánchez es estudiante de Comunicación Social de la UMA.

This article has 1 Comment

  1. Propuestas:
    Buzón donde no haya cámaras para que los «robalibros» dejen los libros hurtados,
    realizar donaciones periódicas (si hay esa posibilidad) de los textos más «demandados» y ofrecerlos en digital,
    Campañas educativas.

Deja un comentario