El suave llanto de la guitarra

Postales de Praga

Felipe González Roa.-

 Postales de Praga

El arte crea y recrea la realidad. A través del arte podemos dibujar el mundo interior y también podemos abrir el alma a las sensaciones que inundan los sentidos. El arte no es inmóvil: grita, llora, rí­e, clama, baila, canta…

Sublime forma de arte, tal vez la más sublime de todas, la música no se detiene en fronteras ni lí­mites, no entiende de idiomas ni de culturas. La música trasciende incluso las barreras fí­sicas e impregna el espí­ritu. La música, y he allí­ la magia, es eterna.

Antes de seguir estás lí­neas este plumilla debe hacer una advertencia y una confesión: entiende poco de música (entiende bastante poco de casi todo, en realidad). Su visión sobre ese sublime arte no va más allá de la de cualquier aficionado.

El desocupado lector que quiera adentrarse en la comprensión de estos temas probablemente deba asomarse en las reflexiones de grandes conocedores, como el entrañable profesor Vicente Corostola y sus 33 revoluciones por minuto…

Disfruta, este plumilla, mucho de la música, eso sí­. Por eso se atreve, en medio de su ignorancia, a conversar solo, en voz alta, sobre cuestiones que, probablemente movido por su ingenua visión del asunto, puede describir con (casi) absoluta sinceridad.

La música deleita el espí­ritu, pero no solo deleita el espí­ritu. La música reclama, la música exige, la música añora, la música se rebela. La música alza la voz y pide, con ritmo y versos, un mundo mejor. Aquel que se puede componer con una canción.

Las tristes melodí­as de los esclavos negros, que cantaban para no llorar sus penas, dio forma a muchos géneros contemporáneos, como el blues, del cual luego nació el rock, con su alarido frenético y juvenil que evoca la liberación.

Desde Bob Dylan y su guitarra contestataria, hasta John Lennon y su imaginación del amor. Desde Rubén Blades y su prohibición a olvidar, hasta Yordano y su caminar por estas calles. Son tantos los artistas que pueden engrosar esta lista, pero todos siempre con el mismo propósito: dejar que el arte invite bailar a la conciencia.

 

Este viernes 22 de febrero la música retumbará en una frontera que no es tal solo para recordar qué debe significar la vida. En medio del furor y de la alegrí­a, de la melancolí­a y de la desesperación, entre desafí­o a fusiles y amenazas, convendrá tomarse un momento para recordar qué significa la música y cuál es el compás que traza su arte.

*Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila

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