La contra cultura se pasea por Sabana Grande

Vicente Corostola.-

“Quiero trabajar en el gobierno / para tener una casa gigante / quiero trabajar en el gobierno / para no sufrir de la escasez / para que me besen los pies”

La contra cultura se paseaba por el boulevard de Sabana Grande. Lleno de comercios y cafés. Lleno de gente. De artistas e intelectuales filosofando sobre las horas. De jóvenes con una actitud salvaje y creativa. Muy libre. Muy a su manera. Representaban todo un movimiento diferente. Auténtico a rabiar. Se hacían llamar Sentimiento Muerto.

1983

El Poliedro de Caracas se usaba para lo que fue construido. Un domo en donde los espectáculos culturales de toda índole eran presentados todos los fines de semana. Nunca imaginó que su cúpula sería secuestrada y convertida en la sala de juntas de un futuro partido político. Por ahí aterrizaron entre tantos The Police con su Don’t Stand So Close To Me. El Punk y la New Wave estaban a permear nuestras pieles.

El entorno socio político tocaba a los más jóvenes. Estudiantes de bachillerato eran atraídos por una energía desbordada. La rabieta contestataria hacia los políticos de turno se escribía en los márgenes de los cuadernos de la historia. Aquellas camisas marrones hablaban de injusticias a su manera. De los ladrones de paltó y corbata. Eran tiempos para gritarles a los habitantes de Miraflores.

“Están los conejos, las gallinas y las ratas / los pavos y las pavas / toda clase de alimañas / descargar, descargar, descargar es lo que quiero hacer”

El viernes 18 de febrero la economía venezolana se vino a pique. No hubo salvavidas. El bolivar se hizo añicos. El presidente de turno Luis Herrera Campins le lanzó la soga al cuello a todo el mundo. No hubo bicho vivo que se salvara. Aquello del dólar a 4,30 solo quedó en un suspiro. El chino de Recadi pagó por los platos rotos de otros. El “tú no me jodes” del siguiente presi Jaime Lusinchi hacía temblar el noticiero de la TV. El Sierra Nevada del presi Carlos Andres Perez se había quedado bien frio. En fin. Éramos pocos y parió la abuela. La masa. El pueblo. Cada vez se iba descomponiendo más y más. La decepción a lo político era caldo de cultivo para decir cosas.

“Si alzamos la mirada / en un cerro se divisa / una gente que engañada / te devuelve una sonrisa / al revés”

El desparpajo. La rebeldía. La inconformidad. Eran las puntas de lanza de un gran número de jóvenes con la necesidad de ser escuchados. El hágalo usted mismo era la razón de la existencia. En cuartos de maleteros repletos de objetos sin alma nacían firmes posiciones de acordes desafinados. Era el turno de una generación de agrupaciones efímeras que salieron a la acera a decir sus verdades. Era aquella Venezuela saudita que apuntaba a Dubai. Era aquel país donde Miami estaba más cerca que Higuerote. Fue aquel país en donde la rabieta juvenil se multiplicaba junto al acné de sus caras. Fue aquel país que parió el engendro de la revolución bolivariana.

“Los adelantos vienen y van / la comida no llega / ¿A dónde va a parar? / parece que tenemos las manos amarradas / y el pueblo se queda con la mente estancada…”

“Necesitamos una nueva moral / una más fácil para evolucionar”

*Vicente Corostola es profesor de la Universidad Monteávila

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