En la cuerda floja

Alicia Álamo Bartolomé.-

En tono menor

El título es un lugar común que nos habla de la duda y el riesgo de nuestras acciones en un momento dado. Como todos los lugares comunes -tan útiles para expresarnos como tan criticados por los intelectuales- se origina en una actividad o condición que puede ser humana, animal, vegetal o mineral. En este caso se refiere a los equilibristas del circo que nos mantienen en suspenso con sus caminatas por la tal cuerda.

No me gusta el circo porque esos equilibristas y trapecistas me ponen en vilo y con un frío en el estómago; los shows con los animales me producen mucha pena. Hacen sus piruetas a costa de un entrenamiento largo, constante y torturador. Algunos exclamarán espantados: ¡Pero te gustan las corridas de toros! Sí, porque es arte, una gran conjunción artística, encuentro elemental, ancestral, cuerpo a cuerpo, entre el hombre y la bestia, que produce en el espectador estremecimiento y éxtasis. En añadidura, el toro se cría y vive toda su vida libre, feliz, en las dehesas, sólo tiene 20, 30 minutos de drama, si acaso, no dura más una faena en la arena. Su muerte puede ser gloriosa, tanto para él como para al torero, a quien, de paso, a veces suele ensartar en sus cuernos, herirlo y mandarlo al otro mundo, en cuyo caso el toro gana. ¿Qué gana un elefante montado en taburetico mínimo a fuerza de latigazos y hambre? Me parece grotesco, como si a un venerable abuelo lo obligaran a hacer tal pantomima.

Pero no venía yo a hablar, mejor dicho, escribir y todavía mejor, teclear, de circos ni toros. Mi propósito es referirme a nuestro país que veo transitar por la cuerda floja, guardando un equilibro muy precario entre un gobierno ilegítimo y armado y una Asamblea Nacional legítima e inerme. Responsables de esa precariedad son las fuerzas armadas nacionales incapaces de responder al mandato constitucional que las obliga a defender la legitimidad de los poderes, con lo que se ilegitiman ellas mismas y las convierte en mercenarias al servicio de la corrupción, el fraude, el robo, el crimen, el narcotráfico y la intervención de gobiernos extranjeros. Fuerzas armadas que han muerto en el corazón de los venezolanos porque en nada se parecen a aquellas que, sin formación académica ni grados, cruzaron el continente al mando de Simón Bolívar para conquistar la libertad de América.

Estamos viviendo horas decisivas. El país va a caer pronto de la cuerda floja, de un lado a del otro: se hundirá para siempre en esa ilegitimidad protegida por las fuerzas armadas, en la podredumbre o saldrá a flote, penosa pero firmemente, por el esfuerzo de los que no se rinde en la defensa de sus derechos cívicos, sus ansias de justicia, libertad, paz y democracia.

Estamos en la hora precisa, en la hora de los cabildos que florecen en todo el territorio nacional. Recordemos aquél rebelde caraqueño del 19 de abril de 1810 donde nació el primer grito de libertad del yugo español. Nos separan de aquel momento 209 años, ¿quién nos dice que en los 19 primeros de este siglo no se repetirá otro 19?

Prometedor augurio. En nuestras manos está hacerlo realidad. El éxito de una convocatoria no nos obnubile. Hay que seguir adelante luchando siempre, con todos los lugares comunes por delante: sin pausa y sin precisa, sin solución de continuidad, a tambor batiente, sin desmayo, a golpe y porrazo, sin que se nos enfríe el guarapo, a como dé lugar, a paso de vencedores…

Atrás la cuerda floja, hasta que caigamos en lo que debe convertirse en un lugar común: ¡Venezuela reconquistó su libertad!

*Alicia Álamo Bartolomé es Decana fundadora de la Universidad Monteávila

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