Pensar en (y sobre) el periodismo

Felipe González Roa.-Postales de Praga

¿Cómo formar al periodista en la Venezuela de hoy? Esta importante pregunta intentó ser respondida por los directores de escuelas de Comunicación Social, reunidos, por primera vez en mucho tiempo, para abordar reflexiones que hoy lucen impostergables.

Académicos de las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello (núcleo Caracas y Ciudad Guayana), del Zulia, Fermín Toro, Arturo Michelena, Cecilio Acosta y Monteávila se encontraron en los predios de Montalbán para participar en el singular evento organizado por Medianálisis.

Muchas fueron las conclusiones, ideas y propuestas que surgieron de este foro, pero tal vez lo más importante que quedó en el aire fue la convicción de una necesaria reflexión acerca del futuro del periodismo venezolano y su compromiso con el rescate de la democracia y la conciencia cívica de los ciudadanos.

Preocupó, y bastante, los datos de una investigación realizada por Medianálisis, que, en voz de la profesora Gloria Carrasco, ofreció un panorama, no muy alentador, de la situación del periodismo en la actualidad.

De acuerdo con el estudio, basado sobre preguntas formuladas a 350 periodistas de medios impresos, televisivos, radiales y digitales, distribuidos en diferentes ciudades de Venezuela, muchos colegas perciben con cierta “tolerancia” anormalidades que no deberían aceptarse en el ejercicio de la profesión.

El estudio revela, por ejemplo, que el 33% de los encuestados reconoce haber recibido instrucciones para censurar sus trabajos, mientras que el 34% afirma que sus textos fueron objeto de omisiones al momento de la publicación. Estos números son escandalosos pero para nada extrañan en el contexto dictatorial que vive hoy Venezuela.

Mucho más grave es que el 45% admita haberse limitado al momento de difundir alguna información, bien sea bajo formas de autocensura o autorregulación.

También preocupa que el 44,3% de los consultados califique como incorrecto que el Estado no establezca mecanismos de censura previa a las informaciones que atentan contra la moral; que el 25,7% estime que la magnitud y la variedad de la información amerite el control por parte del Estado; o que el 9,4% afirme que la libertad de expresión puede estar sujeta a censura previa.

Esta situación hace que la mitad de los periodistas entrevistados reconozca que la información divulgada a través de diferentes medios de comunicación y plataformas tecnológicas realmente no reviste utilidad para la ciudadanía.

Estas respuestas reflejan una realidad que no debe ser eludida por la academia, la cual debe erigirse como el campo que no solo suministre una formación en la técnica periodística, sino también en la valoración de los principios éticos que deben guiar a la profesión, así como en la necesaria reflexión acerca del rol que debe asumir el periodista en la sociedad, especialmente cuando esta se enfrenta a peligros que no solo amenacen la ruptura de la convivencia democrática sino que consoliden, sin ambages, brutales regímenes dictatoriales.

A pesar de las circunstancias, de las vicisitudes que puedan influir en el contexto del periodista, este nunca debe olvidar su misión en la sociedad y su compromiso con la libertad, con la pluralidad, con el debate crítico y constructivo. Si el propio periodista empieza a ver en menos su trabajo y asumir como inevitable su debilidad ante los poderosos, en ese momento el periodismo deja de tener razón de ser.

Y precisamente este llamado de alerta, este grito que sacuda la conciencia de los  periodistas, debe provenir de la academia, de las universidades, las casas llamadas a la formación de los ciudadanos que tendrán la responsabilidad de reconstruir el presente y edificar el futuro.

*Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila

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