Péndulo | Las dos Chelitas

Ana Carolina De Jesús.-

Garmendia cuenta la historias de dos niñas con un mismo nombre. Foto: photopin (license)

En el cuento de Julio Garmendia, Las dos Chelitas, puede vislumbrarse la teoría mimética de René Girard a través del deseo. ¿Qué dice Girard?

El hombre es una criatura que ha perdido parte de su instinto animal a cambio de obtener eso que se llama deseo. Saciadas sus necesidades naturales, los hombres desean intensamente, pero sin saber con certeza qué, pues carecen de un instinto que los guíe. No tienen deseo propio. Lo propio del deseo es que no sea propio. Para desear verdaderamente, tenemos que recurrir a los hombres que nos rodean, tenemos que recibir prestados sus deseos. (Veo a Santán caer como un relámpago, Anagrama, Barcelona, pp. 33).

En el cuento existen dos niñas con un mismo nombre: Chelita. Viven una en frente de la otra. Se enumenan los bienes que ambas niñan tienen. La primera Chelita tiene un conejo, una gata, dos perros, un perico y tres palomas. La segunda Chelita, un sapo. Pareciera que la primera niña sería feliz por la numerosa cantidad de mascotas; al contrario de su amiga, quien sentiría celos de la primera por poseer solo un animal. Pero Garmendia indica que es la primera Chelita la que desea el sapo y por eso su dicha no es completa.

El ejemplo ilustra varias ideas. La primera: el deseo es material, en este caso, un sapo. La segunda: el cumplimiento del deseo provoca felicidad en la persona. Tercera: ¿es espontáneo el surgimiento del deseo? No, Chelita no escapa de lo intrínseco de las relaciones sociales, que es la mímesis. Ha visto que su amiga tiene un objeto que ella carece. Se cumple lo que dice Girard que lo propio del deseo es que no sea propio. La primera Chelita recibe prestado un deseo de la segunda.

Garmendia relata que la primera niña busca acceder a su deseo mediante un canje. Le ofrece a la amiga cambiar su campana de plata por el sapo. Ante la negativa, cambia la oferta: los pichones de sus palomas pero recibe una respuesta negativa.  ¿Por qué la segunda Chelita no aprueba el intercambio? Porque recibe halagos por tener al sapo y esto incrementa el deseo de conservarlo, pues con él ha ganado cierto prestigio que forma parte de su identidad. También es (secretamente) el ideal al que aspira la primera Chelita y por eso se siente disminuida frente a su amiga. El valor del deseo es ontológico, pues con él se forja una identidad. La primera Chelita anhela ser, la segunda quiere conservar el ser. 

El relato de Garmendia continúa. Las constantes respuestas negativas de la segunda Chelita la han convertido en la rival de la primera niña, quien, en su desespero por arrebatar el objeto, le ofrece todas sus posesiones. ¿Puede decirse que hay una crisis? Según Girard, cuando no se obtiene el deseo, se entra en conflicto con la otra persona. A este conflicto lo llama crisis conflictiva mimética.

Garmendia interrumpe la evolución de la crisis ante la muerte de la primera Chelita. Sus familiares entregan todos sus bienes a la segunda niña. Y movida por el dolor y la culpa, la segunda Chelita deja su sapo sobre la tumba de su amiga. Al parecer, ceder el objeto del deseo deja una pérdida de identidad. Garmendia pone en relieve que lo más importante es la amistad que el prestigio. Quizás la segunda Chelita sacrificó su propio ser por la reconciliación ante la muerte. La reconciliación trae una mezcla de tristeza y alegría. Quizás en eso consista la constitución del ser.

* Ana Carolina De Jesús es profesora de la Universidad Monteávila.

Deja un comentario