Visión 2.0 | Viernes 31 de marzo, Twitter, 5 p.m.

María Eugenia Peña de Arias.-

Twitter se ha convertido en espacio público privilegiado en Venezuela. Foto: photopin (license)

Bien sabemos que Twitter se ha convertido en un espacio público privilegiado en Venezuela, donde los medios de comunicación tradicionales son cautivos de la censura, la autocensura o un miedo paralizante. Ante la declaración de la fiscal general de la República sobre las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia era natural que los pajaritos trinaran con fuerza. Al poco tiempo y a velocidad de redes sociales Luisa Ortega Diaz, #LlegoElDia, Fiscal General eran trending topics.

Al revisar el comportamiento de los líderes de la MUD no hubo sorpresas: pronunciamiento sobre las sentencias, anuncio de ruedas de prensa para informar acciones, convocatoria para sesión de la Asamblea Nacional el sábado. ¿Sobre la declaración de la fiscal? Silencio absoluto, solo roto por María Corina Machado. Es decir, lo habitual.

En cuanto a los líderes del oficialismo sí hubo sorpresas. A las 5 de la tarde los pajaritos rojos estaban callados, no habían posicionado tendencias, ni siquiera se habían manifestado ante la declaración de la fiscal. Dado su modo habitual de proceder en la plataforma, esto fue inusual. La decisión claramente fue no comunicar.

El comportamiento de la red también fue predecible: calle vs. no calle; apoyo a la fiscal vs. no podemos confiarnos; demandas de pronunciamientos de otros representantes del Poder Ciudadano; por supuesto, ¡que hablen las FANB! Analistas y abogados haciendo análisis en 140 caracteres, medios digitales trayendo al espacio las pocas declaraciones que lograban conseguir, los “incontentables” de siempre aderezando la tarde con pesimismo y desesperanza.

Alguna tuitera advertía que la lucha por la democracia no puede hacerse desde el teclado sino desde la calle, mientras en su avatar descansa plácidamente sobre un dálmata. A mediados del siglo pasado Lazarsfeld y Merton alertaban sobre el peligro de la disfunción narcotizante, que básicamente consiste en sustituir participación con información. Señalaban estos investigadores que las personas que se exponen habitualmente al contenido informativo pueden llegar a creer que están participando en la vida pública. Y cuando lo alertaban aún no existían las redes sociales, que otorgan a los ciudadanos más posibilidades de ser prosumidores. Ahora ese riesgo es potencialmente mayor.

En entregas anteriores hemos hablado de la calidad de los espacios públicos que podemos construir sobre la base de las redes sociales. Hemos señalado que esa calidad depende en parte de la pluralidad de las voces que incluyamos. Ahora podemos agregar un nuevo factor que contribuye a esa calidad: no perder de vista que, aunque se pueden apalancar actividades políticas en las redes, estas son espacios de comunicación, y la comunicación sigue-impulsa-articula la acción.  Entender su potencial y sus limitaciones, sin hacer sustituciones inadecuadas, es fundamental para una sana vida social.

Hace unos años en Venezuela sufrimos la experiencia de medios de comunicación que se adjudicaban funciones de los poderes públicos. Lo que hemos vivido en estos dieciocho años es culpa, en parte, de la soberbia mediática de creerse el cuarto poder. Entonces esa soberbia era atribuible a personas concretas, propietarias de esos medios. Ahora, aunque la vocería en las redes es múltiple –y eso es una ventaja- también se puede oscurecer la responsabilidad personal a la hora de posicionar tendencias. La calidad del espacio público generado en las redes depende también de asumir la responsabilidad personal por las acciones en las plataformas y por saber discernir la acción adecuada según la circunstancia.

* María Eugenia Peña de Arias es decana de la Facultad de Ciencias de la Comunicación e Información de la Universidad Monteávila.

Deja un comentario