Nueva Cádiz, o de la ciudad fugaz de Venezuela

Kelvin Brito.-

En Cubagua los españoles iniciaron la conquista de Venezuela. Foto: photopin (license)

Todos aunque sea una vez hemos tenido noticia de ciudades que se han convertido en mito a lo largo de los años. Son esas localidades que lo mucho, poco o nada que se sabe es gracias a la amplia historiografía existente o, por el contrario, gracias a la descripción de algún cronista; o bien porque forman parte del imaginario popular, de esos mitos impregnados por ese realismo mágico tan de suyo que se encuentran en los cuentos pueblerinos, y van pasando de generación en generación hasta llegar a nuestros días.

Ejemplos de estos casos abundan en todo el mundo: Babilonia, la famosa ciudad bíblica; Atlantis, la isla que supuestamente yace en el fondo del mar; Cartago, víctima de la destrucción del Imperio Romano… Incluso se podría incluir a El Dorado, la ciudad ficticia en la que todo estaba hecho de oro y que hizo perder incalculables recursos y vidas a las coronas inglesa y española, en su ambiciosa e infructuosa búsqueda que tuvo lugar entre los siglos XVI y XVIII.

Todas ellas dan muestran de lo que es capaz de hacer el ser humano cuando se esmera en construir la mejor de las obras, cuando se empeña en destruirlas o cuando se desinteresa por reconstruir lo que alguna vez fue, y en su lugar deja que la naturaleza haga su trabajo y cubra con su manto los vestigios, si es que quedan, de las ciudades.

Venezuela no es la excepción a esta regla pues también tiene historias que contar al respecto. Acaso la más famosa de ellas sea la de la ciudad de Cubagua o “Nueva Cádiz”, como fue bautizada en su creación. Alrededor de dicha localidad se ha rodado bastante tinta ya que autores de la talla de Guillermo Morón dedican espacios en sus obras. La descripción más precisa la ofrece Inés Quintero en su libro No es cuento, es historia, obra reseñada con anterioridad en éste mismo espacio. Demos pues la palabra a la historiadora:

Nueva Cádiz, la ciudad fugaz

Las primeras noticias de Cubagua se tuvieron en 1498, luego del tercer viaje de Cristóbal Colón. Para ese momento la isla se encontraba deshabitada.

Durante varios años Cubagua se mantuvo sin mucho movimiento, apenas se construyeron unos ranchos y bohíos habitados por unos pocos españoles. No fue sino después cuando se fundó Nueva Cádiz, primero como asiento y, en 1528, como ciudad.

En su mejor momento Nueva Cádiz llegó a tener mil habitantes, un cabildo de 17 regidores, casas de piedra y varias avenidas, una de ellas de 300 metros. La ciudad vivía de la explotación perlífera y estaba controlada por los “señores de canoa”, como se llamaba a quienes manejaban el negocio de las perlas.

El auge de Nueva Cádiz fue brevísimo. En 1530 hubo un fuerte terremoto que tumbó varias casas, poco tiempo después, en 1537, los ostrales se habían agotado por la sobreexplotación que se hizo de ellos. Dos años después mucha gente ya había abandonado la ciudad. Cuatro años más tarde, en 1543, un huracán la destruyó completamente y, al poco tiempo, unos piratas franceses pasaron por allí y quemaron lo poco que quedaba.

Desde aquel tiempo hasta el presente nadie ha vivido allí de manera permanente. En la actualidad apenas quedan vestigios de lo que alguna vez fue.

Quintero, I. (2012). No es cuento, es Historia (pág. 31). Caracas: La Hoja del Norte.

El apogeo de Cubagua se limitó a unas pocas décadas. Pero esto es quizás lo que le imprime a su historia ese donaire de misterio, de curiosidad, de nostalgia tal vez, que ha originado piezas literarias como la elaborada por el cronista Enrique Bernardo Núñez que lleva por título Cubagua, una reconstrucción imaginaria de la ciudad.

Resulta interesante que ni siquiera en nuestra etapa republicana ninguno de los gobiernos se haya preocupado por reconstruirla, ni siquiera por erigir un monumento en sus ruinas. Pero lo que sí es un hecho es que alrededor de Cubagua se seguirán tejiendo las especulaciones del “que hubiera pasado si…”, que dan pie a hipótesis no tan descabelladas que seguramente todos nos hemos formulado cuando conocemos por vez primera el relato de Nueva Cádiz: La ciudad que pudo haber sido y no fue.

* Kelvin Brito es estudiante de Derecho de la Universidad Monteávila.

 

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  1. ¡Todo lo que se pierde en turismo y memoria! Ha sido un crimen no hacerlo. Muy bien que la recuerdes. Te sigo leyendo y sigues mejorando. No dejes de escribir y leer. Dile no a «FIFA».

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