Visión 2.0| You, change

María Eugenia Peña de Arias.-

Time destacaba el control ciudadano en la era de la información. Foto: photopin (license)

“Miles de ciudadanos se unen y logran frenar aumento de tarifas de internet”.  “Coral y Antonio fueron liberados y ya regresaron a casa con sus hijos”. “Agustín recibirá la medicación que necesita para seguir su tratamiento en Uruguay”. Con estos y otros logros nos recibe el Home de change.org, una plataforma creada en el 2007 por el ciberactivista norteamericano Ben Rattray, quien fue calificado por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo en el año 2012.

El caso de Change ilustra una tendencia que se ha visto impulsada por las redes sociales: el activismo, que parte de la premisa de que la participación es fundamental para la vida social y está en manos de los ciudadanos conseguir soluciones a los problemas que les aquejan.  No es una actividad política nueva, pero definitivamente la Web 2.0 ha supuesto un espacio atractivo y útil para potenciar las voces y las acciones de quienes se toman en serio la promoción de causas que les resultan importantes para una mejor convivencia.

En el 2006 la revista Time declaraba que la Persona del año era You, es decir, cada uno de nosotros porque tenemos el control de la era de la información. Algunos se han tomado más en serio esto del control. Son conocidos los casos del uso que hicieron de Twitter los iraníes durante las elecciones de 2009, o los egipcios en la llamada primavera árabe de principios de esta década. Fulya Sen, en su investigación sobre el uso de las redes sociales como espacio público, afirma que más de la mitad de las protestas de calle ocurridas en Egipto entre 2004 y 2011 involucraron algún tipo de ciberactivismo. Y es que las redes sociales permiten la articulación de comunidades y acciones,  y la recaudación de fondos a un bajo costo. Además, ofrecen más facilidades que otros medios para eludir la censura o la persecución.

Podría alegarse que las acciones en las redes no necesariamente impactan realmente la vida pública, que convertir una etiqueta en Trending Topic mundial es una victoria exigua. Sin embargo, si se supera el inmediatismo, podemos encontrar que la construcción de una ciudadanía responsable y comprometida con lo público a través de las redes sociales sí tiene beneficios. Primero, la confianza en que “no estamos solos en esto”, lo que tiene propiedades terapéuticas. Segundo, una mirada más penetrante de la realidad, al encontrar matices en las opiniones de otros que pueden enriquecer nuestra visión. Tercero, el enterarnos de asuntos y problemas censurados en los medios tradicionales. Todos, pasos necesarios para una transformación personal, que conlleve a la comprensión de la necesidad impostergable de la participación y a la toma de conciencia de que –como dijo la revista Time- los protagonistas de la era de la información, y de nuestra situación personal, y de la soluciones de los problemas que nos afectan somos nosotros.

El ciberactivismo consigue victorias, como lo afirma entusiastamente change.org, logros que han permitido superar la ficticia dicotomía entre lo virtual y lo real, porque al final de cuentas somos los mismos quienes estamos en las redes y en las calles. Hay muchos opinadores de oficio –en las redes y en las calles-; hay muchos que salpican pero no se mojan –en las redes y en las calles-, pero también hay cada vez más gente comprometida, en las redes y en las calles, y eso es un signo esperanzador de madurez política.

*María Eugenia Peña de Arias es decana de la Facultad de Ciencias de la Comunicación e Información de la UMA.

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