La Legio VII Gemina

Emilio Spósito Contreras.-

Historia del futuro

1.- El territorio denominado por los romanos Hispania estaba habitado por dos grandes grupos indí­genas: los í­beros y los celtas, conocidos por el nombre común de celtí­beros, ubicados históricamente en la edad del hierro. Arévacos, astures, autrigones, bastetanos, belos, callaeci, cántabros, caristos, carpetanos, celtici, edetanos, ilergetes, lobetanos, lusitanos, oretanos, titos, turdetanos, turmogos, vacceos, várdulos, vascones, vettones, fueron algunos de ellos.

Tras el enfrentamiento entre cartagineses y romanos en las denominadas Guerras Púnicas, Hispania quedó abierta a la dominación romana que, simplificando, se concretarí­a con las Guerras Cántabras, dirigidas por el mismo Octavio Augusto (63 a.C.-14 d.C.). En general, se habla de la Hispania romana entre el desembarco en Ampurias (218 a.C.) de Cneo Cornelio Escipión Calvo (muerto en 211 a.C.), hasta la derrota de los suavos e invasión de la tribu germánica de los visigodos, en la Batalla de Astorga (456).

Durante este largo perí­odo Hispania se romanizó, siendo signo de su importancia el hecho de que fuera la cuna de intelectuales como el geógrafo Pomponio Mela (muerto en 45 d.C.), el filósofo Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C.), el retórico Quintiliano (35-96), el agrónomo Columela (4-70) y el poeta Marcial (40-104). Hispania también fue la patria de los emperadores Trajano (53-117), Adriano (76-138) y Teodosio (347-395).

Administrativamente, Octavio Augusto dividió a Hispania en provincias. A saber: Tarraconense al norte, Lusitania al suroeste y Bética al sureste de la pení­nsula.

II.- Como puede intuirse, Hispania fue escenario de las luchas polí­ticas romanas. Por ejemplo: tras los escándalos de todo tipo del gobierno de Nerón (37-68 d.C.), el gobernador de la Galia Lugdunense: Cayo Julio Vindex (25-68 d.C.), se rebeló sin éxito contra Roma y murió por su propia mano, derrotado por el comandante de la Germania Superior: Lucio Verginio Rufo (14-97 d.C.). Tales disturbios fueron aprovechados por el gobernador de la provincia de Hispania Tarraconense: Servio Sulpicio Galba (3 a.C.-69 d.C.), quien en 68 fue aclamado por sus tropas como emperador de Roma.

En tal sentido, Galba creó la Séptima Legión Gemela (Legio VII Gemina) la cual, tras participar en las guerras civiles que siguieron a la muerte de Nerón, fue finalmente devuelta a Hispania por Vespasiano (9-79 d.C.) y asentada en 74 en la ciudad de Clunia –actualmente Coruña del Conde–, hasta su extinción en el ocaso del Imperio en la pení­nsula, alrededor del 404. Esta unidad militar fue la guarnición permanente de Tarraconense.

Ese mismo año 74, Vespasiano emitió un Edicto de Latinidad para las provincias hispanas del Imperio romano, por el cual, a efectos de los sufragios, formalmente los ciudadanos de Hispania pasaron a formar parte de la tribu Quirina, creada originalmente en el 241 a.C. para incorporar a los sabinos a la ciudadaní­a.

La Séptima Legión Gemela (Legio), es la raí­z del nombre León que luego identificará a la ciudad y al reino del norte de Hispania que, junto al reino de Castilla, constituirí­a una importante referencia para la Cristiandad y la reconquista del territorio en poder de los musulmanes. Es revelador del ambiente y de la época el carácter militar de los nombres de estos dos reinos: “legión” y “castillo”.

III. Clunia llegó a albergar unos 30.000 habitantes y ser cabeza del “Conventus Cluniensis”, uno de los siete conventos en los cuales se distribuyó la provincia Tarraconense (v. gr. Tarraconensis, Caesaraugustanus, Carthaginensis, Asturicensis, Lucensis y Bracaraugustanorum). David Pradales Ciprés, en su obra La romanización de la Meseta Norte. Burgos. Clunia (Cajací­rculo. Temas y figuras de nuestra historia, 4. Burgos 2005), destaca la relación entre la prosperidad de Clunia y el asentamiento de la Séptima Legión Gemela (León).

Entre los siglos II y IV Hispania, al igual que el resto del Imperio, experimentó un proceso de ruralización, centrado en la proliferación de villas: unidades de producción autosuficiente, a las cuales se fueron trasladando sus propietarios, asistidos por esclavos, colonos y ejércitos privados. Correlativamente, declinaron las ciudades –base de la cultura romana–, que en algunos casos fueron totalmente abandonadas. El escenario estaba preparado para el asalto de las tribus germánicas.

En el caso de Clunia, la ciudad se fue vaciando. La arqueologí­a evidencia el abandono de edificios públicos como las termas, el teatro y finalmente el foro. Cuando el general musulmán Tarik ibn Ziyad –conquistador del Reino Visigodo– pasó por ella en 713, era poco lo que quedaba por destruir. Para entonces no quedaba memoria de la Antigí¼edad clásica y entramos en obscura Alta Edad Media.

IV.- La experiencia histórica nos muestra avances y dramáticos retrocesos de la civilización. Sólo la concientización –a costa de muchos años, más de lo que una vida humana suele durar– es capaz de remediar las grandes catástrofes de la humanidad, pero siempre a posteriori o post facto. El estudio del Derecho –principal legado romano a la humanidad– es una de las primeras manifestaciones de esa concientización, llamada por algunos: renacimiento.

Emilio Spósito Contreras es profesor de la Universidad Monteávila

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