Historia y libertad | “Moana” y la tradición grecolatina

Carlos Balladares Castillo.-

Moana trae enseñanzas para los niños y los no tan niños. Foto: imbd.com

Es posible que los admiradores de las películas de los Estudios Disney (Walt Disney  Animation Studios) tendamos a decir que cada año hacen mejores películas, pero en el 2016 con Moana sin duda han creado lo que llamaría un clásico o «great movies» – en palabras de Roger Ebert (1932-2013) -. Su historia me ha cautivado, porque logra combinar un montón de maravillosos aspectos, resaltando entre ellos lo relativo al “conócete a ti mismo” socrático. De modo que se puede afirmar que más que un mito polinesio es en el fondo la expresión de las enseñanzas de la Grecia antigua cultivada por la civilización occidental.

Moana no es la tradicional historia de princesas, aunque sí nos ofrece un conjunto de canciones que saldremos tarareando y quedar admirados  ante su valentía. En lo que se refiere al conocerse así mismo griego, Moana, con la ayuda de su abuela (maestra que sabe usar la ironía y la mayéutica), logra descubrir (a pesar de las presiones sociales de tendencias sedentarias) que los humanos poseemos una naturaleza viajera, nómada. Y es en esta naturaleza que está la respuesta ante los problemas que aquejan a su pueblo. Como se puede ver, Moana no busca conquistar a un joven hermoso, bueno y fuerte para casarse, sino que ella misma asume su responsabilidad política y lucha por conseguir la solución a los problemas de su pueblo.

El recordatorio de nuestra naturaleza viajera (migrante) y exploradora que ha tenido en la náutica su principal medio, se combina también con el reconocimiento que nuestra fuerza está en el continuar con la tradición de los ancestros pero actualizándolos. Este principio puede observarse en la hermosa escena que va acompañada de una canción “pegajosa” (“Aue aue”) como buen musical que es. Por otro lado hay un conjunto de referencias u homenajes a otros films, como los de piratas y la última de Mad Max (Furia en la carretera de George Miller, 2015) en la escena de los «kakamoras», la mantarraya luminosa me recuerda al Secreto del abismo (James Cameron, 1989), y el fantasma de la abuela (y los ancestros) es claramente una copia de Obi-Wan Kenobi después que muere en la saga de la Guerra de las Galaxias, e incluso hay una escena a lo Moisés «abriendo» las aguas.

Tampoco podía faltar todo lo relativo al héroe y su sacrificio, y cómo éste va incorporando sus «heridas» y aprendizajes a su alma (tatuajes de Maui). Maui, por cierto, tiene mucho de Aquiles y su inicial soberbia de semidios, su vida centrada en la fama y gloria, para finalmente ser convertido ante el ejemplo de una Moana que no teme a la mayor de las donaciones (la propia vida) por el logro de su misión.

Entre todas las princesas de Disney, Moana nos ofrece la mejor manera de enseñarle a los niños (y a los no tan niños) algunos principios básicos de la condición humana tanto en lo personal como en lo social, y todo esto de la forma más amena posible.

* Carlos Balladares Castillo es profesor de la Universidad Monteávila.

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