Señales de ellas | Puntos suspensivos

Francisco J. Blanco.-

Las palabras se las lleva el viento pero quedan en el corazón. Foto: Francisco J. Blanco

El tiempo está pasando volando. La percepción de los dí­as es casi imposible de discernir, hace nada estaba escribiendo sobre un cuadro, y ahora, dos semanas después, sigo en mi escritorio, viendo mi corcho… Y desde el recuadro de vidrio que tengo enfrente, espero que pasen unas o varias señales de ellas.

Corrí­a ya la calurosa tarde de aquel sábado de julio. Yo habí­a manejado unas 4 horas desde ese  pequeño pueblo de provincia donde viví­ 14 años atrás a la vibrante ciudad musical en donde estaba pasando el verano. Entré a una de esas tiendas de botas “dixie”, franelas de la ciudad, curiosidades para la sala, imanes para la nevera y mi favorito, postales. Compré por 3 dólares  una que dice “Famous last worlds of a southern Male: Hey y’all Watch This (Las últimas palabras que un sureño dice: Hey todos, miren esto)”. Poco sabí­a yo que esa noche beberí­a del jugo de la luna, me bañarí­a en vino tinto y estuviese pensando en cuáles serí­an mis últimas palabras.

Era el 2002. Mi papá me buscó en el colegio.

Corte a

INT.CARRO DE JAVIER-DíA

Javier (papá de Fran)

Vamos rápido a la casa para que te bañes y nos vamos a Caracas.

Yo (Fran)

Dale…

Javier

Te vas de intercambio a Estados Unidos.

Yo

Dale…

Javier

Va a ser por un año y vas a aprender inglés.

Yo

Dale…

Javier

Vamos a que te hagan una entrevista y unas pruebas ahí­ no sé de qué.

Yo

Dale…

Fran se pone los audí­fonos

Corte a

Luego de un largo proceso de elección, le llegó a mi papá un correo electrónico:

Corte a

INT.SALA DE LA CASA DE FRAN-NOCHE

Javier en la computadora de la casa, abre su correo electrónico y ve el correo de la compañí­a de intercambio estudiantil.

Javier (Papá de Fran)

FRANCISCO… Me llegó un correo de la gente del intercambio, te vas a quedar con una familia de apellido Myers que viven en Cleveland, Tene… Tenn… berro… Tennessee… jeje dónde está esta va#$*.

Yo (Fran)

Dale…

Fran se pone los audí­fonos

Corte a

Llegué al 3003 del Wesdell Lane, en Cleveland Tennessee, a la casa de la familia Myers, el 23 de julio del 2002. Ellos me recibieron, me trataron y me amaron como un hijo más. No lo sabí­a, pero estaba en pleno sur del paí­s, donde la cultura, la gente y su mismo acento es distinto. La primera palabra en ingles sureño que aprendí­ y hasta el dí­a de hoy utilizo con orgullo es “y’all” (ustedes).

El año pasó sin problemas. 14 años más tarde almorcé en Date Aquí­ y una mixtura entre casualidad, empatí­a y mi naturaleza extrovertida me hizo pasar el verano en una ciudad de Tennessee, en donde un sábado caluroso de julio, regresando de aquel pueblo, entré a una tienda y por 3 dólares… Compré una postal con la primera palabra que aprendí­Â  y aun digo con orgullo en ingles sureño.

Ese rectángulo de papel me recuerda esta semana, lo importante de las palabras… De las últimas palabras… Que sin duda marcan acuerdos y nuevos comienzos.

Uno habla siempre. La base de la humanidad es la comunicación, nos conectamos a través de lo que mostramos y somos a raí­z de lo que decimos.

Por la naturaleza de mi profesión las palabras son importantes, eso no significa que lo que digo sea ley, sino que me preocupo por utilizar el lenguaje más adecuado y poder hacerles entender, en su propio idioma, las cosas que me enamoran de la Filosofí­a.

Las palabras ciertamente se las lleva el viento… Pero quedan en el corazón. Lo dicho desde la interioridad es la verdadera saeta de fuego que penetra en el estado más plenamente consciente del otro, por ello lo que digo habla de mí­, de mis lí­mites y de mis capacidades, por eso tenemos que hablar.

¿Cuáles serán mis últimas palabras? No sé, siento que hablo tanto que capaz, mi final llegue en silencio. Pero lo que si es cierto es que en el devenir respiratorio de la vida, en esa clepsidra que no se seca nunca, una palabra marca el final y otra el comienzo. La pregunta entonces debe ser qué decir cuando se aproxima el punto y final.

Comprendiendo pues, que cada final marca otro comienzo, porque la verdadera verdad es que al punto final de los finales siempre le siguen tres puntos suspensivos…

* Francisco J. Blanco es profesor de la Universidad Monteávila.

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