Reflexiones filosóficas | El cultivo de los hábitos

Yoselyn Zapata.-

. Un buen maestro reconocerá que trabajar bajo las rutinas es muy provechoso. Foto: photo credit: jmartinezsolera escribe via photopin (license)
Un buen maestro reconocerá el provecho de trabajar bajo las rutinas. Foto: photopin (license)

En un sentido general puede definirse el hábito, según William James,  como “una disposición fija a actuar de cierta manera”. Esta definición puede aplicarse a cualquier aspecto de la realidad, por ejemplo un perro tiene el hábito de mover la cola al ver a su amo. Por lo tanto al generalizar el significado del hábito se descarta por completo el hecho de que el mismo sólo se da en seres humanos, porque no se trata solamente de realizar acciones iguales y repetitivas, sino de un proceso en el cual se está consciente de que dichas acciones tienen un fin determinado y de gran utilidad.

Es importante diferenciar los hábitos de varios aspectos con los que se suelen confundir, como lo son las aptitudes y las habilidades, debido a que un hábito hace referencia a un modo de actuar fijo e inflexible, mientras que  tener una habilidad desarrollada permite ejecutar una actividad sin tener ningún conocimiento previo de la misma, así como un ingeniero en sistemas puede manejar un nuevo software. A través del hábito la persona pone en práctica aquello que aprendió anteriormente, pues requiere de repeticiones de acciones conocidas, como lo es el caso de cepillarse los dientes todas las mañanas. Sin embargo, ambos aspectos no son excluyentes, ya que se puede adquirir una habilidad por medio de la ejecución de hábitos.

También se puede caer en un error al ver al hábito como un rasgo característico del carácter de una persona, tales como ser servicial, amable, cariñoso, honesto, Deben diferenciarse porque los rasgos del carácter se basan sobre una reflexión sobre situaciones específicas, mientras que los hábitos, en ocasiones, son automáticos, no requieren de un razonamiento.

En la educación formal se trabaja en el manejo de los hábitos y el hecho de actuar bajo su dirección. Un buen maestro reconocerá que trabajar bajo las rutinas es muy provechoso, que las mismas se refieren a un “modo de actuar gobernado por una regla”. De esta forma puede hacer que los alumnos sigan sus instrucciones y realicen las actividades del día, estableciendo rutinas determinadas para cada área.

Es sumamente importante conocer cuáles son nuestros hábitos y trabajar en ellos para manejarlos de la mejor manera, y más allá de querer controlarlos es saber que hay actividades del día a día que se pueden realizar rápida y efectivamente por medio de un hábito, y más aún que hay otras que dependen de acciones repetitivas para ser aprendidas. Además que el hecho de ser constantes nos puede llevar a desarrollar una habilidad.

Existen varias vías por las que se puede llegar al conocimiento. La repetición no deja de ser un recurso muy empleado por los maestros, sobre todo en los niveles iniciales, puesto que para adquirir destrezas básicas siempre se parte de un buen ejemplo, y luego la persona, al repetir y repetir la acción, aprenderá, como lo es el caso del uso del Metro de Caracas, o pensemos en cómo nos aprendimos las tablas de multiplicar, las capitales de los estados venezolanos, la manera de cepillarnos los dientes.

Lo más esencial en el tema de los hábitos está en entender que el ser humano dentro de su naturaleza tiene la capacidad de aprender por imitación y si la misma viene acompañada de una constante repetición se obtendrá el conocimiento esperado, que de ser hábitos buenos terminarán convirtiéndose en virtudes, aunque esto último es punto que necesariamente se debe tocar a profundidad en otro artículo.

El animal realiza diversas operaciones por repetición pero lo que no puede hacer es decidir libremente cuándo y cómo realizar dichas repeticiones, ni establecer los objetivos que desea lograr con ellas, y más complicado aún es que pueda considerar las consecuencias que le traerá actuar bajo esos hábitos. Es el hombre quien posee esta cualidad en su máximo esplendor.

* Yoselyn Zapata es profesora de la Universidad Monteávila.

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