Audrey Hepburn: La belleza que viste de negro

Ángel Fernández.-

Audrey Hepburn es un ícono del cine y de la moda. Foto: photopin (license)

Se acercó a aquel escenario en 1953 para recibir su primer y único Oscar por su excelente actuación en Roman Holiday. Subió con una postura erguida, una seguridad que contrastaba su delgado cuerpo, se situó frente a las cámaras con su rostro angelical, esa belleza de infante combinada a una madurez femenina que se escondía bajo una mirada penetrante e intrigante que se combinaba a su particular peinado de cabellera corta. Se encontraba en el escenario una mujer que a futuro se convertiría en ícono del cine y de la moda, la tercera leyenda femenina del cine americano para la AFI, una mujer que gozaba de una inteligencia excepcional, políglota, fumadora frecuente, hidrofóbica, y por encima de todo un ser humano cargado de mucha melancolía y carisma por sus tristes experiencias durante la Segunda Guerra Mundial. Audrey Hepburn, del ballet y la guerra al estrellato, se convirtió en una personalidad especial e intachable en la historia del cine y la moda femenina de todos los tiempos.

Antes de ser el ícono, primero fue una joven que vivió en tres países: nació en Bélgica, más adelante se mudaría a Holanda y posteriormente a Inglaterra. Para 1944 estaría viviendo uno de los tiempos más convulsos de su vida, cuando debió de soportar el hambre y una vida miserable en medio de la Segunda Guerra Mundial. Una de las anécdotas más oscuras que la conectan con esta cruenta realidad es su conexión por contemporaneidad con Anna Frank y su diario que sirvió como reportaje de las atrocidades.  Le generaba una desgarradora experiencia abrir el famoso y terrible libro. A la larga Audrey vivió con el recuerdo sombrío de todo lo ocurrido en aquella década, a esto se sumaría sus primeros intentos de dedicarse al ballet, pero sus docentes, tanto en Holanda como en Inglaterra, le decía que no alcanzaría la élite por sus cualidades físicas. Era una mujer que para la época se le consideraba bastante alta y delgada para las tallas mínimas que normalmente exhiben danzantes profesionales.

Con la década de los 50 llegó la era dorada de Hepburn, quien entonces empezó a involucrarse en el mundo de la actuación. Se inició con papeles pequeños en musicales o como extra en dramas que prácticamente se conseguiría en el camino. Para 1953 una eminencia de la dirección y escritura cinematográfica como Billy Wilder, esta vez cumpliendo con su primera función, se sentiría exponencialmente atraído por la novicia actriz para el rodaje, junto a Gegory Peck, de Roman Holiday, película que significaría el nacimiento de una nueva estrella de un ascenso más acelerado del que nadie se podría imaginar.

El tour inolvidable de la naciente estrella

Roman Holiday es un clásico del cine, un filme insignia de las comedias románticas. La historia de una Audrey Hepburn que personifica a una princesa que quiere salir del hermetismo que significa ser parte de la realeza y se termina enamorando de un reportero y compañero de aventuras como Gregory Peck, una leyenda con trayecto que se cruzó con la dama de futuro resplandeciente para dar vida a este memorable largometraje de las grandes piezas en blanco y negro. La historia muestra a un personaje que evidenciará el perfil de futuras actuaciones de Audrey, como esa mujer perspicaz que siempre tendrá ventajas para salirse con la suya al final del camino, papel que en su condición de primeriza le permitió hacerse con el Oscar a mejor actriz.

Vanidades del último grito de la moda

Breakfast at Tiffany’s no le dio un Oscar como actriz, pero es la historia que verdaderamente la convirtió en un hito de la moda, expresión de la elegancia trajeada en Givenchy. Hepburn, en su collar de perlas, zarcillos prominentes y vestidos oscuros de cortes finos, se hizo una combinación que poseyó las miradas de las grandes casas de moda. En esta cinta Audrey representó dentro de la polémica un personaje que pocos percibieron como lo que era, una acompañante de lujo que, como la primera escena de la cinta lo demuestra, es una pura representación de la vanidad. La dama que llega a una nueva ciudad y termina conquistando a un hombre de su mismo edificio, llevándolo dentro de una ilusión mientras consigue un hombre de mayor poder y éxito que le reemplace, como lo es el multimillonario brasileño que se le termina topando a finales de la historia.

La tercera gema de la filmografía Hepburn

Junto a Cary Grant protagonizaría una de las grandes cintas del género musical. Charade se convertiría en otra pieza esencial de la colección de Audrey. Esta cinta fue uno de los grandes musicales jamás vistos, sin embargo, es destacable que la voz de Audrey fue doblada, pero su encanto y actuación física le da una magia especial en el ámbito coreográfico, combinándose con la voz de Marni Nixon.

Después de esta cinta Audrey se hizo amiga muy cercana de sus compañeros de trabajo, Grant, quien llegó a decir que “todo lo que quería para Navidad era volver a actuar con Audrey”.

Audrey Hepburn todavía es fuente de inspiración. Foto: photopin (license)

Bandera universal del feminismo

El 4 de mayo Audrey hubiera cumplido 88 años. Lamentablemente nos dejó a los 64 años de edad. Su legado es uno de los más grandes en la industria cinematográfica. Muchas artistas de la actualidad se visten y buscan referencias en sus actuaciones, pensando en ella, así como diseños de grandes industrias modistas tienen como parón a la mítica actriz.

Algo que siempre fortalecerá el legado de esta gran artista es el hecho de que se convirtió en una abanderada del feminismo por su inteligencia, humildad y humanismo. Se convirtió en una activista constante de Unicef por su pasado en la guerra, y misionera de corazón para apoyar la lucha contra el hambre y la miseria en África.

Más que un ícono de la actuación y de la moda, Audrey Hepburn fue y será bandera de la humanidad, y sobre todo, de los derechos de la mujer a nivel mundial.

* Ángel Fernández es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

 

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