Nueva generación vinotinto labra camino hacia el éxito

Rafael Rodríguez Vargas.-

Los juveniles venezolanos hicieron historia en Corea del Sur. Foto: Prensa Vinotinto

Aún a sabiendas de que irían detrás de un camino arduo, lleno de penas y embarrado en logros que no llegan. Aún a sabiendas de la inmensa incredulidad y la falta de sentimiento de la multitud. Ellos, los que hoy son subcampeones mundialistas, decidieron amarrarse a un sueño que determinaría el porvenir en la historia del fútbol venezolano.

Así es, aunque a muchos les cueste creerlo, estos jóvenes, parte de una generación adolorida, han hecho historia. Cada paso que daban por el campeonato en Corea del Sur, desde el principio fue seguro, constante y, sobre todo, fuerte.

Así llegaron a la final, por primera vez, de una Copa del Mundo. Su rival: los ingleses, quienes les pisaban los talones en las estadísticas, pero en la pasión jamás.

El encuentro estuvo muy parejo. Sin embargo, Inglaterra terminó llevándose el trofeo a Europa. Mucho se ha discutido sobre los posibles fallos de la selección en dicho partido, el penal fallido de Peñaranda, la estrategia un tanto equívoca de Rafael Dudamel en dejar sentados a Sosa y a Soteldo, etc.

Pero son pocos los medios que han reparado en el porqué de estos resultados. Héctor O. Rodríguez, analista de fútbol venezolano, resalta que la importancia de la actuación de la selección sub20 no radica solamente en el éxito alcanzado en Corea del Sur, sino también en la posibilidad de iniciar un proyecto que podría ver materializado el máximo sueño: llevar a la Vinotinto al Mundial de Catar 2022.

“Estamos ante un hecho histórico sumamente importante para el fútbol venezolano. Nuestra liga es muy deficiente, tal vez la peor de Sudamérica, y estos chamos quedaron subcampeones de un mundial al que, por cierto, no asistió Brasil, Uruguay ni Argentina”, subraya.

Haciendo énfasis en los rivales que enfrentó Venezuela en el campeonato, Rodríguez aseveró que “incluso vencieron a países del primer mundo desde todo punto de vista, tal es el caso de Japón, Estados Unidos, Alemania”.

“Todo esto implica la continuación de una política que ha hecho la misma Federación de Fútbol, y hay que reconocérselo, de ir apoyando a las categorías inferiores, y esto se ha visto reflejado con inclusión de la regla del juvenil. Antes era sub 20, ahora es sub 17. Eso sin lugar a dudas ha influido en el desarrollo del futbolista venezolano, y estos resultados forman parte de este logro, y no se puede desconocer eso a pesar de la corrupción dentro de la federación”, comentó.

Rodríguez aseveró que esta planificación debe continuar para incluso elevar el nivel del torneo de fútbol profesional. “No hay otro sitio donde nacen estos muchachos, sino de los equipos venezolanos y de la liga”, apuntó.

Especificó que para darle un real impulso al balompié criollo hay que mejorar muchos otros elementos vinculados con la práctica de este deporte.

“Hay que mejorar muchas brechas en la federación: sistema electoral, las personas que llegan a dirigentes, la organización de los clubes, el mantenimiento, la infraestructura, los estadios. Nada de eso se puede tapar con el subcampeonato reciente”, anotó.

En cuanto al futuro de la selección, Rodríguez afirma que “pinta bien, pero hay que ponderarlo. La historia ha enseñado que son pocos los que logran ascender al equipo, no todos, y ya eso es ganancia”.

“Tenemos a jugadores con la edad ideal, tal es el caso de Rondón. Debe haber una fusión. Por ejemplo, Yangel Herrera pinta para acompañar a Salomón”, agregó

Rodríguez recalcó que “a todo el cuerpo técnico hay que darle su mérito también. La competencia empieza antes de cada partido, y esa competencia implica desde temas como la alimentación, el biotipo de los jugadores, el descanso y la preparación mental”.

Y solo queda dejar en claro que más allá de ganar un partido, es el esfuerzo que hay detrás de cada pase lo que determina que aún hay esperanzas en el fútbol venezolano, y que no todo está perdido.

* Rafael Rodríguez Vargas es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

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