Pensamientos familiares | Permiso, gracias, perdón

Mercedes González de Augello.-

Los valores familiares deben sustentar a la sociedad. Foto: photopin (license)

“En la familia se fragua el futuro de la humanidad”. Esta fue la frase que proclamó el Papa Juan Pablo II en el año 1992 para fundar los Encuentros Mundiales de la Familia, impulsados por la Santa Sede y que se celebran cada tres años para dedicar un espacio a la reflexión y celebración de las familias en el mundo.  El próximo encuentro será del 21 al 26 de agosto de 2018 en Dublín, Irlanda, y versará sobre el tema El evangelio de la familia: alegría para el mundo.

En la carta del Santo Padre Francisco para la presentación de este IX encuentro, explica que es su intención que las familias tengan una manera de profundizar su reflexión y compartir los contenidos de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris laetitia. “Deseo subrayar cuanto sea importante que las familias se pregunten a menudo si viven a partir del amor, por el amor y en el amor. Eso, concretamente, significa darse, perdonarse, no impacientarse, anticipar al otro, respetarse”. Retoma lo ya expresado en Amoris laetitia “la vida familiar sería mejor si cada día se vivieran las tres sencillas palabras permiso, gracias, perdón”.

Muchas veces la cotidianidad y confianza de la vida familiar hace que nos olvidemos que el trato cordial y educado entre sus miembros son la base de la convivencia y los detalles deben estar siempre presentes para garantizar que la rutina y la convivencia diaria no deterioren la gran labor de vivir en familia. Por eso en lo esencial de estas acciones el Papa Francisco resume su consejo para hacer de la vida en familia más sencilla y fuente de amor vivo.

Pedir permiso es respetar la individualidad y espacio del otro, es entender que no puedo atropellar a mis hermanos, padres o abuelos por la confianza que puedo tener, es no abusar de la entrega y del amor. Cuando pido permiso, reconozco que convivo con otro y que debo considerar sus intereses y gustos tanto como los propios. Es la mejor forma de mantener la armonía entre todos.

Dar gracias es una forma de entender en cada momento, que en la familia todos debemos dar lo mejor de cada uno para hacer feliz al otro, pero esta entrega es más sencilla si recibimos y damos un agradecimiento sincero por nuestras acciones. Gracias por la comida, gracias por pasarme la toalla, gracias por acompañarme al ballet o al fútbol, gracias por sacar la basura, en definitiva, gracias por estar ahí para hacerme feliz.

Pedir perdón, arrepentirnos sinceramente cada vez que nos equivoquemos es reconocer nuestros errores y poner el máximo esfuerzo por mejorarlos. En la familia no pueden quedar resentimientos, porque cada vez se hace más grande la brecha que deja el rencor, por eso arrepentirnos y perdonar debe ser una tarea diaria para sanar heridas y aumentar el amor.

Estas tres palabras son clave y sencillas, pero no debemos descuidarlas y tampoco deben ser vacías, una mera apariencia de formalidad y educación. Deben estar vivas y llenas de sentido, ellas son el inicio de hacer un mundo mas agradecido, amable y respetuoso de la libertad y dignidad humana.

* Mercedes González de Augello es directora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

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