Relatos domésticos | Mi país en 7 días

Francy Figueroa Domínguez.-

El Metro concentra todo tipo de pensamiento de los caraqueños. Foto: photopin (license)

Lunes. El tren atestado de pasajeros. En Caracas todo el día es hora pico. Por supuesto, los aparatos comprados en Francia en los años 70 -tal como dice la plaquita en un costado- no tienen aire acondicionado. El calor es inhumano y afecta más a dos bebés, que en brazos de sus madres padecen el vaivén de las 6 de la tarde. Lloran. Todos quisiéramos estar en otro lugar. Yo viajo mentalmente en un tren hasta Shinjuku, como el libro de Haruki Murakami que voy leyendo en la travesía. Algo tengo que aprender durante mi commute, me digo, ese que consume 4 horas diarias de mi energía vital.

Martes. Nuevamente el tren está retrasado. Los pasajeros aprovechan el tumulto para hablar de la nueva Miss Universo. Coinciden en la tamaña injusticia que representa que la criolla no haya quedado siquiera entre la selección de las primeras 13. Se indignan. No es posible que la “gorda canadiense” haya quedado en el cuadro y la venezolana no. La sola frase insulta, descalifica y, a la vez, busca ignorar esta realidad que agobia. Cualquier noticia es válida para ocultar nuestros pesares. “Ahora Keisy si tiene chance el otro año”. Se refieren a la candidata que participará en la edición 2018. De eso si está enterado plenamente el venezolano. El certamen de belleza es un indicador país.

Miércoles. Día no laborable por decreto que celebra o conmemora quién sabe cuál prócer independentista. El nombre o la gesta importan menos que el hecho de poder quedarse en casa y evadir el vagón atestado. Ya en breve empieza la Serie del Caribe. Ahora toca apoyar a los “nuestros”, a las Águilas de Venezuela, al equipo que nos representa. Lo usaremos también como excusa para unirnos en uno, como si quisiéramos tan poco al país que necesitamos que algún evento deportivo o de belleza nos aglutine, nos recuerde que tenemos algo en común.

Jueves. El tren está menos congestionado hoy que el resto de la semana. Está demostrado de forma no científica que aquel que necesita viajar a la capital lo hará los primeros tres días de la semana. Aún cuesta desperezarse del día libre. Hay esperanza, ya pronto se interrumpe la rutina. Además, pagaron la quincena, que durará menos que el viaje en tren pero nos da una alegría breve. No hay forma de planificar más allá del próximo lunes, porque un nuevo decreto en Gaceta puede quitarnos esa felicidad de un tajo.

Viernes, finalmente. Significa que terminó el drama semanal. Que en algún lugar nos esperan las “frías” con los amigos o vecinos, que tendremos que encarar con un hondo suspiro de resignación la conversa sobre tiempos mejores. A la espera de que algo pase, pero no pasa nada, porque sábado y domingo son días no laborables y si decidiéramos actuar, tendrían que pagarnos doble.

* Francy Figueroa Domínguez es la secretaria de la Facultad de Ciencias de la Comunicación e Información de la UMA.

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