La educación antes que el estrellato

Simy Rodríguez Levy.-

Desde muy temprana edad el deporte llama a la puerta de los jóvenes prospectos y en el béisbol no es la excepción. Los scout buscan reclutar a futuros peloteros desde muy temprana edad, sobre todo en un país como Venezuela, que es uno de los mayores exportadores de talentos del mundo.

No cabe duda que al mencionar el nombre de Venezuela es también hacer referencia al deporte autóctono que de este país emana: el béisbol.

Padres de prospectos deben evaluar prioridades. Foto: Salvador Savala/Cortesía
Prospectos recorren duro camino para cumplir sus sueños. Foto: Salvador Zavala/Cortesía

El venezolano se puede dar el lujo de decir que son el segundo país que firma más peloteros a las Grandes Ligas, después de Republica Dominicana, con 120 beisbolistas aproximadamente por año, según señala el encargado del scouteo en los Tiburones de la Guaira y de los Cerveceros de Milwaukee, Fernando Veracierto.

¿Hasta qué punto es bueno seleccionar a un adolescente para ser una estrella dentro de este deporte? Se corren muchos riegos al querer reclutarlos tan jóvenes por su clara falta de experiencia en todos los ámbitos, desde la educación hasta todo el tiempo irrecuperable que pasan en las academias, sin contar los eventos inoportunos que puede haber en el trayecto, desde una lesión hasta la no aprobación de residencia. Por ello muchos padres prefieren esperar antes de lanzarse al agua  y llegar a un acuerdo con cualquier organización.

Samuel Zavala tiene 11 años, estudia 5to. grado de primaria en el colegio Patria de Los Chorros, en Caracas. Desde muy temprana edad, exactamente desde los 3 años,  empezó a desarrollar sus habilidades por el béisbol influenciado por su hermano mayor, Salvador, quien también posee talentos inigualables en este deporte y pasó por una situación bastante similar a la que está atravesando el niño.

Salvador recuerda que desde los cuatro años de edad empezó a jugar béisbol. Contaba con capacidad pero recalca que fue un talento trabajado, a diferencia del de su hermano, que es una habilidad natural. Se desempeñaba como pitcher ya que carecía de mayor capacidad con el bate. Los entrenadores se afincaron en desarrollar sus destrezas desde la lomita, lo que lo llevó a entrar en la academia José Carrasquel, ubicada en La Carlota, cuyos horarios de entrenamientos no le permitían seguir continuando con sus estudios regulares en el colegio, donde solo le faltaba un año y medio para graduarse.

Sus padres, José Zavala y Mónica Brito, tomaron la decisión, junto con Salvador, de perseguir su sueño, así que, aunque con mucho recelo, decidieron que el muchacho le diera más importancia al tema deportivo que una carrera académica. El joven terminó sus estudios junto a otros compañeros del equipo en el parasistema José Tadeo Monagas, ubicado en San Bernardino, donde asistían los fines de semana para cumplir con las obligaciones que este exigía.

A los 18 años se le presentó una beca deportiva en Universidad de New Jersey y otra de la Iglesia Baptista en Florida, pero por problemas con la residencia no pudo tomarla y tuvo que abandonar lo que pudo ser el primer paso para el resto de su vida.

Con el ejemplo de Salvador, los padres de Samuel quieren estar lo más seguro posibles al momento de tomar una decisión, ya que cualquier paso importante afecta en mayor medida a su hijo. Los cuatro recalcan la importancia de tener las bases bien forjadas de una buena educación por encima de todo, ya que en el mundo deportivo todo es imprevisto y efímero.

Existen situaciones inesperadas como la de Salvador Zavala o Alejandro Viloria, quien dejó sus estudios por dedicarse al béisbol y al no dar la talla no pudo continuar. Estos son tan solo unos ejemplos dentro de un sinfín que existe en las listas de los deportistas.

Un día el atleta puede ser top y al otro bajar del pedestal. Las lesiones, los papeles, todo influye en la vida de un deportista, por ello tanto Samuel como sus padres están de acuerdo en no apresurarse, en que del apuro queda el cansancio, por lo que prefieren esperar y tener todo en orden antes que un movimiento en falso pueda derribar todo lo que de poquito en poquito se va construyendo, afincándose claro en que la educación de cualquier persona está por encima de una swing.

* Simy Rodríguez Levy es estudiante de Comunicación Social.

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