El manualito

Alicia Álamo Bartolomé.-

En tono menor

Cuando yo era joven estudiante universitaria en la UCV, estaba de moda ser de izquierda, si uno no lo era, estaba execrado, como lo estaba en el mundo intelectual y cultural. Nadie que no fuera de izquierda -o que coqueteara con ésta, como lo hacían algunos aunque en su corazoncito no lo eran- lo tomaban en cuenta para publicaciones, ganar concursos, montar espectáculos y, si lo lograba, la crítica se ensañaba con esa persona. En una palabra, había que ser marxista o parecerlo, para triunfar.

En mi época de estudiante sufrí esta persecución pasiva, porque nunca fui ni soy de izquierda, ni de derecha, ni de centro. No me someto a moldes ajustados que, del lado que sean, coartan la libertad de ser y de expresarse. Me gusta tener lengua libre. Una vez, en una necedad de concurso interno de una suerte de afiches, en la Escuela de Arquitectura, el profesor de la materia se inclinó por el mío, pero no pude ganarlo porque se opuso la pequeña elite de izquierda; pequeña pero poderosa, porque la mayoría no lo era, pero temía ir en contra de la moda o de la historia.

De repente hubo un cambio. El partido Comunista decretó la “operación mujer” y sus militantes estudiantes en la UCV se dedicaron a halagarnos el oído. Alguna cayó, no en mi escuela, éramos muy pocas. Lo que si recuerdo muy bien es que en esa mezcla de galanteo y proselitismo político aparecían, en uno u otro galán de turno, las mismas frases. Una infaltable era: “El papa Pío XII bendijo las tropas fascista que iban a invadir a Abisinia”.

Siempre decían Pío XII, pero era una equivocación, fue el anterior, Pío XI, lo cual tampoco era una felonía, porque si al papa, un obispo o un sacerdote, unos pobres soldados rasos le piden la bendición porque van a la guerra, que no decretaron ni escogieron ellos, ¿cómo se la van a negar? Pero esto ni siquiera es el punto importante, sino que, si todos repetían el error, era porque estaba en alguna parte escrito, como otros argumentos, era una lección aprendida de memoria, repartida entre los neo-militantes en un manualito, ¿es o no es cierto, dilectos amigos ex marxistas?

Pues miren lo que son las cosas, ahora los medios de comunicación y las redes sociales han inventado un nuevo manualito e igualmente con un  consabido argumento contra un sumo pontífice, esta vez Francisco, blanco  de tan injustas como reiteradas acusaciones. Han caído en la trampa, no ya muchachas ingenuas, sino destacados columnistas, universitarios e intelectuales. Ya lo he leído y me lo han repetido verbalmente: Francisco tiene inclinación política por la izquierda -cambió el rumbo, ahora eso es malo- porque recibió varias veces en el Vaticano y sonriente, a Cristina Kirchner, pero a Mauricio Macri una vez, ¡y no le sonrió!

A las encíclicas, cartas apostólica, declaraciones y resoluciones de Francisco, también les cae una crítica dura, de creyentes y no creyentes. Los medios de comunicación toman fuera de contexto una frase y le dan un sentido distinto y hasta contrario a lo que dijo el papa, de manera que salen aseveraciones tan absurdas como que el Sumo Pontífice aprueba el aborto, el matrimonio entre homosexuales y el acceso a la comunión de los divorciados -que fueron casados por la Iglesia- y vueltos a casar civilmente.

Señores, hay que molestarse en leer completos los textos pontificios. Confundir la actitud caritativa para los pecadores -como lo enseñó Cristo- con la aprobación del pecado, es ignorancia culpable o mala intención. Es seguirse por la inconsciencia de un burdo manualito de opiniones sin base.

*Alicia Álamo Bartolomé es profesora fundadora de la Universidad Monteávila

 

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