El balcón de las tragedias

íngel Peña.-

-Pero, ¿Cómo no vas a votar?

Frase que seguramente habrá escuchado cualquier centennial al expresar en público su decisión polí­tica, notando caras de desesperación e incluso de decepción, como si se estuviera confesando un crimen o si fuese una ofensa para quien escucha esa decisión. 

¿Cómo culparlos? En su época de juventud al menos si se respetaba la decisión popular y los medios de comunicación no contaban con una mordaza que significa hoy la propaganda estatal. “Eran tiempos mejores” o al menos, eso es lo que nos han dicho. En estos tiempos, la cosa ha cambiado bastante. 

En las primarias, siendo la elección más próxima que tenemos, se encuentran tres candidatos, uno más cuestionable que el anterior: la mujer blanca, privilegiada y algo radical; el flaco que nos mandó a bailar salsa y que ahora está haciendo sus propagandas copiandole a Gustavo Petro y utilizando series de los 90’s y el cómico con intenciones desconocidas.

Esta vez decidí­ hacer caso ante la presión social e ir al primer paso para formalizar mi inscripción ante el CNE, al buscarlo un aviso me saltaba en internet que decí­a “Inscripción electoral En lí­nea”. 

Era una imagen de stock de una chica con aparente felicidad recibiendo su registro electoral; por supuesto, intenté entrar en el aviso y como si fuese algo poético salí­a el famoso “404 error found”. 

Al no poder concretar mi tan deseada solicitud, decidí­ acercarme hasta la sede principal de Plaza Venezuela, me acerqué al Metro más cercano y en la entrada me esperaban dos trabajadores de Conviasa a darme las buenas tardes.

“¿Qué hace conviasa en el Metro?”, pensé. “Al menos espero que con este nuevo patrocinio, el metro pueda volar, porque sigue tardando años en llegar”.

En la taquilla me esperaba un miliciano de 1.90, era delgado como un alfiler, tení­a un uniforme beige que se camuflaba perfecto con las paredes naranjas desteñidas del Metro de Caracas.

El señor estaba regañando a una señora porque estaba poniendo mal su tarjeta. Seguramente eso es parte de su extenso entrenamiento anti-imperialista en caso de una invasión, definitivamente estamos protegidos. 

Después de 567 horas, llegó por fin el tren con dirección a Propatria, algunas estaciones más, buscando la salida  y ya en la estación La Hoyada. Después de unos minutos de caminata me dejarí­an justamente al frente de la entrada principal de la sede principal del CNE, en Plaza Caracas. 

Las torres de El Silencio y un busto de El Libertador eran mis acompañantes ante esa inmensa estructura. Tras pasar 50 grupos de niños jugando fútbol, ocho borrachitos que se encontraban dando su siesta del mediodí­a y cuatro vendedores ambulantes, logré por fin llegar a la sede principal. 

Miré hacia el horizonte y algo me pareció muy conocido, el famoso balcón, ese balcón que los medios enfocaron tanto, que tantos desvelos me hizo pasar, que tantas decepciones se vivieron por la famosa frase que su finada emperatriz recitaba “los resultados son irreversibles”. 

Al entrar y pedir información, solo me señalaron un lugar pero nadie me decí­a ni una palabra, era un cubí­culo casi metido en donde se podí­a apreciar la cara de Hugo Chávez como vigilante en un enorme cartel. 

Es irónico verlo ahí­, tomando en cuenta de que se trata de un árbitro electoral. Por lo menos, ya son honestos y no tratan de ocultar su parcialidad. 

Me atendió una chica de nombre combinado imposible de pronunciar, tení­a una camisa “Guchi”, unas uñas con las que me podrí­a sacar un ojo y un tono ciertamente molesto. 

Me dijo que esperara sentado que ya me atenderán. Me senté y tras 20 minutos extensos en donde solo veí­a el cartel del comandante, era un poco intimidante e invasivo, como si me estuviera amenazando por las decisiones que iba a cometer, salió la mujer y con pena en sus ojos, pero con un tono firme: “Chico, vuelve el lunes que se cayó el sistema”.

*íngel Peña es estudiante de la Universidad Monteávila

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