Historia y libertad | La constituyente es la muerte (II)

Carlos Balladares Castillo.-

Encuestras muestran rechazo ciudadano a la Constituyente. Foto: Rubén Sevilla Brand

En nuestra anterior entrega iniciamos la explicación de las diversas razones por las cuales los venezolanos no debemos permitir el fraude constituyente de la dictadura madurista. Advertimos sobre la gravedad de su amenaza con cuatro argumentos: la continuidad del desastre que se ha intensificado en los últimos años, la eliminación de la soberanía popular pero también de los poderes constituidos contrarios a la dictadura, y la legalización del Estado policía que se ha venido construyendo violando la actual Constitución. Si esto ya es el horror, ni hablar de lo que seguidamente pasaremos a explicar, lo cual se enmarca en lo que las mayorías temen: que el fraude es la puerta al proyecto totalitario.

Al seguir nuestra enumeración, la quinta razón por la cual el fraude constituyente es la muerte es por sus candidatos. El problema es que son los mismos de siempre, y era evidente que no se podía esperar otra cosa, debido a que es una “elección” hecha a la medida para que los que han destrozado el país en estos 18 años. Son esos mismos que han pasado por todos los cargos: gobernadores, ministros, diputados, embajadores y que su nivel de vida de lujos de alta burguesía no pueden explicarse por sus sueldos de funcionarios públicos. Son aquellos que han tenido en sus manos el poder para que usted y yo estemos pasando hambre, no encontremos comida ni medicinas (razón por la que cualquier enfermedad grave es mortal), y tengamos una alta probabilidad de ser asaltados o asesinados por la delincuencia; y ahora que protestamos ejerciendo nuestro derecho constitucional, nos llaman terroristas y afirman que debemos ser “aniquilados” (lo cual están haciendo). Será una reunión de “enchufados” incapaces de ver los problemas de los venezolano;, cegados por su clara maldad (por solo dar un ejemplo: algunos candidatos son miembros de los colectivos paramilitares, aunque en esta dictadura no es la única condición para cometer atrocidades), intenciones de mantener la corrupción, dogmatismo de claras tendencias castrocubanas y la ausencia de habilidades políticas y técnicas.

La sexta razón es que estos enchufados tendrán plena libertad para hacer lo que les dé la gana (en cierta forma es lo que dice el artículo 349 de la actual Constitución y el cual nunca debió ser redactado), y con sus terribles características personales que hemos descrito anteriormente, las consecuencias pueden ser catastróficas para nuestro país, la vida de cada uno de nosotros y para Iberoamérica. Son muchas las personas que ya han advertido dicho peligro, y hablando con la gente en la calle hay grandes temores de lo que los enchufados han llamado “profundizar la revolución”. Me han comentado que ahora sí le quitarán lo único que les queda: su ranchito, su casita, su apartamento o su negocio que le costó tantos años de trabajo. La propiedad privada, causa de todos los males según los marxistas, pero derecho humano fundamental para conservar la libertad según los demócratas, ha sido duramente golpeada en estos 18 años. ¿Por qué no darle un nocaut definitivo y lograr de esa forma la dependencia total del Estado-PSUV rentista y clientelar?

La séptima razón es que la reforma constitucional intentada por Chávez en el 2007, que a pesar de ser derrotada electoralmente y ser aplicada posteriormente por medio de leyes, finalmente podrá ser aprobada. En dicha reforma se establecía la eliminación o debilitamiento de los estados y municipios, colocando a las comunas por encima de estos. De modo que ahora podrán hacerlo y terminarían de destruir nuestro federalismo,  que fue el sueño que se estableció en nuestra primera Constitución y por el cual se pelearon las dos grandes guerras de nuestra historia. Nuestra tradición republicana, federal y democrática que nos ha conformado con nación será destruida, estableciendo una estructura político-administrativa totalmente ajena a nosotros.

La octava razón es que nadie la quiere y por ello tiene una de las más bajas intenciones de voto de nuestra historia electoral desde el siglo XX: menos del 20%. La causa es clara: su ilegalidad por ser un fraude, que nos retrocede de al voto sectorial de tiempos pre-republicanos y por ello viola la condición de universalidad del sufragio. Pero hay otras, como el hecho que no es percibida por el pueblo como la solución a sus problemas de inflación, escasez e inseguridad. La consecuencia será que los actos de dicha asamblea oligárquica no solo serán ilegales, sino que adolecerán de la esencia de todo poder constituyente: ser el gran consenso nacional que genera un pacto escrito que nos une a todos. Es decir, no será expresión de la soberanía nacional y de la voluntad colectiva. Será un acuerdo de espaldas al pueblo, y por tanto una constitución zombie (muerta en vida).

La novena es que con este panorama la recuperación económica, social y política del país será mucho más difícil. No vendrán inversiones, no habrá posibilidades de negociación (el Estado-PSUV lo ha dicho claramente: el espacio de diálogo es la constituyente), y lo más importante: cualquier posibilidad de que cada venezolano – que no forma parte de esa pequeña oligarquía – pueda prosperar y vivir con dignidad desaparecerá. Será la muerte en vida de las mayorías.

No hay otra conclusión posible: el fraude constituyente es la muerte, será como dice el Evangelio según San Lucas cuando capturan a Nuestro Señor: “ésta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas”. Pero acá no termina la historia porque en la historia no ha vencido la muerte, porque después de la cruz siempre hay resurrección. Y nuestra nación también resucitará, no lo dudo un segundo, pero para ello no se deben perder las esperanzas y la convicción que nuestra lucha rendirá frutos más pronto de lo que pensamos. En nuestra siguiente entrega hablaremos de algunos ejemplos que nos puede ofrecer la historia en lo que se refiere a la resistencia a los autoritarismos. ¡Fuerza y fe!

* Carlos Balladares Castillo es profesor de la Universidad Monteávila.

* Rubén Sevilla Brand es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

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