Economía para la gente | Lo visible vs. lo invisible (IX)

Rafael J. Ávila D.-.

La inflación resta valor al dinero. Foto: Cortesía

En el artículo anterior, y luego de haber culminado la revisión de las consecuencias causadas por las formas en que el gobierno trata de resolver la inflación -un corregir errores con errores-, lo que podemos llamar efectos colaterales de la inflación, y que no son muy evidentes; continuamos haciendo algunas reflexiones en cuanto al tema inflacionario. En este artículo, seguiremos reflexionando.

Ya comentamos sobre que la inflación es un impuesto sin representación, inconsulto, y que no discrimina; sobre si los bancos centrales aprueban o no el examen, si hacen o no la función que de ellos la sociedad espera; sobre la paradoja de que la sociedad clama por rescate al mismo que le causa el problema; sobre la libertad de elegir; sobre el llamado “crecimiento con inflación”; y sobre la ficción de los supuestos “almuerzos gratuitos”.

Sigamos ahora con otras reflexiones sobre la inflación, sus causas y sus muy nefastas consecuencias. Recordemos que para resolver el problema inflacionario, los gobiernos acuden a controles de precios, con el argumento que si la inflación es el alza de los precios, entonces la solución es sencilla: controla el precio. Y ya hemos reflexionado en artículos anteriores, que esa terapia no sólo no resuelve el problema de fondo, sino que además empeora la situación con terribles consecuencias.

El “Agente Perfecto” en la relación Agente-Principal

Haciendo analogía con la Teoría de la Agencia, en la relación gobierno-pueblo, el gobierno es el agente y el pueblo el principal, o el Banco Central es el agente y el pueblo el principal, o los diputados al parlamento son los agentes y el elector, el ciudadano, el principal. Muchas veces como sociedad caemos en el error de creer que todo aquel que logra o alcanza a ocupar un cargo de representación popular, mediante elección o no, o que se dedica al ejercicio de la política, la ejerce velando siempre por el bien común, es decir, es un agente perfecto que nunca en su accionar se aleja de los intereses del principal, el pueblo. Dicho de otra forma, creemos que todas sus decisiones tomadas serán aquellas que coincidan con los intereses del ciudadano, en todo momento, con el bien común, incluso por encima de sus propios intereses, de su conveniencia: primero el bien común, antes que el bien propio.

La realidad es que este agente también es de carne y hueso, y no necesariamente “perfecto”; también sufre la envestida y cae en tentaciones, lo mueven intereses particulares, defiende intereses de grupos, y no necesariamente sus decisiones están alineadas con el bien común. Una de ellas, por ejemplo, es la inflación: decide emitir nueva moneda porque desea gastar más de lo que ya le ingresa, y dirigir el gasto según sus prioridades e intereses, que no necesariamente coincidirán con los de la mayoría de los ciudadanos. Pero lo cierto es que extraerá dinero de muchos bolsillos, para dárselo a unos pocos, muchos perderán, pocos ganarán (entre estos el gobierno), pero lo cierto es que la consecuencia de esta práctica es que se reducirá el valor del esfuerzo y trabajo de toda la sociedad, al destruir el valor de la moneda. Si los intereses del agente (el gobierno, Banco Central y parlamento) estuvieran alineados con los del principal (el ciudadano), no se implementarían políticas inflacionarias, se preservaría y defendería el valor de la moneda. Si el bien común prevaleciera ante el bien particular del agente, este se “amarraría las manos” y controlaría el gasto para no tener que emitir más moneda para cubrir los déficits presupuestarios. No olvidemos que el gobierno solicita autorización para poder gastar más, el parlamento lo autoriza y el Banco Central le otorga los recursos.

Desbalance en la sociedad

Otro tema para reflexionar es el hecho de que en nuestras latitudes (Latinoamérica) hay una tendencia a la existencia de medios de comunicación y personas influyentes a través de los medios, que generan climas de opinión pro-socialismo, pro gobierno interventor y controlador. Este statu quo se mantiene debido a que los intereses del mercantilismo comienzan a retroalimentarse con los del gobierno, produciéndose el contubernio socialismo-mercantilismo, casi una relación simbiótica.

Hay una razón en la economía política para que esta situación se mantenga: los medios de comunicación pueden terminar alineándose a los intereses de la empresa que paga publicidad en tal medio, y si los intereses de esta empresa son favorecidos por un entorno y prácticas mercantilistas, puede el medio de comunicación terminar promoviendo como buenas, loables y sanas, las políticas de corte mercantilista. Y si a esta situación añadimos que el gobierno también podría de la misma forma capturar a medios de comunicación privados (y no olvidemos que podría ser propietario de medios de comunicación “públicos”), y que las prácticas mercantilistas terminan retroalimentándose con las socialistas, podremos ver a medios de comunicación defendiendo políticas inflacionarias y justificando las que de estas derivan: controles de precios y tasas en la economía, devaluación de la moneda, más regulación e intervención del gobierno en la economía, ataques a la propiedad privada, rigidez del mercado laboral, barreras al libre comercio, entre otras, en fin: menos libertad económica, lo que conduce a menos prosperidad y más pobreza.

Pero si a las empresas y al gobierno los defienden unos medios de comunicación capturados por esos intereses, ¿quién defiende al ciudadano de a pie? Lo ideal sería que hubiese medios de comunicación que promovieran muchas ideas distintas y que el ciudadano evaluara y tuviera la oportunidad de contrastar y escoger entre varias opciones.

¿Y por qué no se resuelve?

Básicamente la razón por la que los problemas mencionados anteriormente no se resuelven, más ante la conciencia de que el problema es grave por parte de todos, es la inacción colectiva: como somos tantos los afectados, estamos dispersos, tenemos diferentes grados de sofisticación, sufrimos de distintos niveles de ignorancia racional y asimetrías de información, se nos hace difícil poder organizarnos, para exigir un cambio de rumbo y buenos resultados. Mientras que el gobierno se organiza, la sociedad civil no, y por tal razón lo más probable es que se mantenga el statu quo, y con ello sus males.

Entender la economía política de la inflación y de los controles, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos. En el próximo artículo seguiremos reflexionando sobre la inflación, lo que se ve y lo que no se ve, sus ganadores y sus perdedores.

* Rafael J. Ávila D. es decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila.

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