Madres “docentes” evidencian precariedad de la educación primaria 

Directora de Fe y Alegría destacó que las madres representan un 10% de los maestros en sus instituciones

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Fe y Alegría reporta al menos 10% de madres “docentes” en su organización. Fotografía: Unicef
Sabrina Friso.-

Un salario insuficiente y la imposibilidad de cubrir las necesidades básicas han dejado a las aulas venezolanas con un vacío importante que antes ocupaban los docentes. Algunas madres han decidido tomar su papel, improvisando frente a un salón de clases para impedir que los niños pierdan su año escolar. Sin embargo, la falta de preparación de estas mujeres deja en evidencia la precariedad de la educación primaria venezolana.

Todavía está muy claro en las memorias de los venezolanos aquella primera importante fuga de docentes en los años 2018 y 2019. De acuerdo con la Federación Venezolana de Maestros, entre 40% y 50% de los maestros afiliados al sistema abandonaron la profesión debido al salario insuficiente. En este momento las madres comenzaron a ocupar las aulas.

Años después esta situación no ha cambiado. El país, a pesar de haber salido de una hiperinflación y de auspiciarse exiguos crecimientos, todavía no se presta para una realidad idílica, mucho menos para los docentes.

De acuerdo con la encuesta del Observatorio de Universidades (Enobu) 2021, 33% de los docentes come menos de tres veces al día y 30% tiene un ingreso familiar menor a 10 dólares mensuales. Esta es una realidad que se palpó en las protestas de este año, donde profesores y jubilados exigieron un aumento de salario. Lo obtuvieron el jueves 3 de marzo, cuando Maduro informó que el salario mínimo pasaría a ser medio Petro ($28,9).

Tras este ajuste, y según las tablas de sueldo para docentes publicadas por el gobierno, un profesor de educación primaria gana entre $61,27 y $138,97. Este pago sigue sin ser suficiente y explica en gran medida la razón por la cual son cada vez menos los que viven de la enseñanza.

Según Enobu 2021, la fuga de talentos y de profesores aumentó con la pandemia. Ahora, con el regreso a clase presenciales, el vacío que han dejado los docentes es más evidente y la figura de la madre que toma el lugar del profesor ha vuelto a resaltar en la educación primaria.

De acuerdo con la directora de Fe y Alegría, Noelbis Aguilar, las madres voluntarias representan el 10% de maestras del cuerpo docente en escuelas adscritas a la institución. Esta cifra podría parecer irrelevante, hasta que se recuerda que estas personas están formando alumnos de entre 7 a 13 años sin haber pasado antes por la preparación exigida a un docente con un título.

Compromiso ciudadano

Ante esta problemática, la decana de la Facultad de Educación de la Universidad Monteávila, Alexandra Razolín, asegura que “hay que ver el lado positivo”. El hecho de que madres se hayan movilizado y entrado a las aulas para que sus hijos—y los hijos de los demás—puedan aprender, da un indicio de que el ciudadano común todavía comprende la importancia de la educación, en especial la primaria.

Elaboración: Sabrina Friso

Sin embargo, Razolín también advirtió que, a pesar de las buenas intenciones de estas madres, están “improvisando” en aulas de clases, ya que no tienen las herramientas pedagógicas para enseñar. Destacó que la educación requiere habilidades que no se obtienen en la práctica y recordó la importancia del apoyo de las instituciones a estos “maestros sustitutos” para evitar que afecten a los alumnos.

Efectivamente, instituciones como Fe y Alegría cuentan con programas de formación como el llamado Madres Promotoras, en el que preparan a las madres en ciertas áreas para dar clase. No obstante, esta preparación no se compara con la obtenida con un título de educación. Las estrategias efectivas para enseñar, evaluar y enfrentarse a un salón de clase son competencias de un docente formado.

Según Infobae, hay madres que buscan lo que no tienen claro por Internet y libros, o consultan temas con colegas antes de impartir clases. Es un tipo de educación que depende de fuentes poco calificadas para formar a la generación relevo y preocupa que, a la larga, la buena intención de estas madres evolucione en niños con un desarrollo de competencias bajo.

Yamelí Martínez, directora del Programa Escuela de Fe y Alegría en Caracas aseguró en el 2019 que, mientras que la educación se encuentre en manos de gente poco preparada, seguirá decayendo. Lo que sonó hace unos años como una predicción a largo plazo, hoy Crónica Uno confirma que es verdad, revelando que “aquellos estudiantes que cursaron primer grado hace dos años presentan dificultad en el aprendizaje de tercer grado, ya que no contaron con la suficiente orientación de los docentes en ese periodo”.

Es evidente que colocar la educación en manos de madres no preparadas llevará eventualmente a una generación poco preparada, con competencias a duras penas desarrolladas y muchas deficiencias en materias importantes. Por más que su participación trae esperanza en que el venezolano todavía confía en la importancia de la educación, su “improvisación” en las aulas debilita a la formación primaria y, lo que es más grave, a sus propios hijos.

*Sabrina Friso es estudiante de la Universidad Monteávila

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