Personalismo

Rodolfo Bolívar.-

Desde la lectura del diario metafísico de Gabriel Marcel (1889-1973), filósofo francés personalista con gran influencia en el pensamiento del siglo XX, se desprende un sentido filosófico de la nueva metafísica humana, la identidad del sujeto humano y el ser en condiciones de espacio-tiempo, poseedor de las facultades superiores del hombre, entendidas y vividas a grado sumo en permanente actividad humana desde el pensamiento y la razón, la existencia y la esencia. 

Es en el ‘hombre viator’ que describe el autor, un ser de esperanza, de amor, de fidelidad, de encarnación y de técnica, que se entiende como un alma en plenitud busca siempre al ser. Ese ser, ese misterio ontológico que ya de antaño había despertado interés en Platón, Aristóteles, Agustín, Aquino, Descartes, Hegel y muchos otros, que desde el existencialismo más metafísico de Heidegger tuvo su respuesta más reciente y creció de la mano de propuestas personalistas como la de Edith Stein, Maurice Blondel, Karol Wojtyla y otros. 

Se ve en Marcel una libertad humana clara, que deja atrás la angustia cristiana de Kierkegaard con la comprensión del hombre desde una vocación orientada al ser, un sentido de plenitud que se mide desde la entrega del ser como persona, desde el entendimiento de la dignidad de la persona humana, lo que implica una visión de unidad desde sus dos elementos, tanto material como espiritual, el cuerpo y el alma.

Marcel reafirma al hombre como ser de esfuerzo, de inteligencia, voluntad y libertad, y entiende el valor del sacrificio humano como camino de encuentro con el mismo ser y la realidad. “El sacrificio es la medida que mide, es decir, que confiere su grandeza a la realidad que mide” (G. Marcel, 1939).

Rescata el personalismo, ante la adversidad propuesta por el existencialismo, a la inteligencia y la afectividad humana, como profundos determinantes del ser, que trasciende por el mismo y con referencia a Dios las determinaciones espacio temporales, en una concepción abocada a la unidad humana, a la sociedad y a un sentido intra-subjetivo plural del ser que nos lleva a una esperanza como acción del alma, como virtud humana que se hace presencia del ser desde el espíritu, el cual no puede ser medido por las ciencias positivistas y explicado por análisis filosóficos que desprecien la metafísica.

Una metafísica en Marcel y los personalistas que manifiesta una búsqueda de nuestro ser para luego participar de Dios en una realidad trascendente que sustenta la realidad del sujeto como alma y, desde su libertad, el ser genera un compromiso con su propia existencia, con Dios y con el otro.

*Rodolfo Bolívar es director de la Escuela de Administración de la Universidad Monteávila

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