La humanidad nunca debe olvidar las lecciones del Holocausto

Dahiling Espinoza.-

Millones de judíos fueron asesinados por los nazis. Reproducción: Rubén Sevilla Brand

El 27 de enero de cada año se rinde tributo a la memoria de las víctimas del Holocausto, conmemoración acordada por la Asamblea General de las Naciones Unidas  para recordar la liberación de los cautivos en 1945 por parte de las tropas soviéticas del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau.

Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis asesinaron a unos seis millones de judíos (hombres, mujeres, niños) en un intento de aniquilar sistemáticamente a la comunidad judía de Europa.

«Holocausto» es una palabra de origen griego que significa «sacrificio por fuego». Los nazis, que llegaron al poder en Alemania en enero de 1933, creían que los arios eran una «raza superior» y los judíos, considerados «inferiores». Movidos por su ideología racista también persiguieron y mataron a millones de personas de otros grupos, entre ellos a los los gitanos, los discapacitados y algunos pueblos eslavos (polacos y rusos, etcétera). Otros grupos fueron perseguidos por motivos políticos, ideológicos y de comportamiento, entre ellos los comunistas, los socialistas, los testigos de Jehová y los hosexuales.

Para concretar sus planes de exterminio de los judíos los nazis diseñaron un plan que fue definido en una reunión realizada en Wannsee. Allí los altos jerarcas del régimen dieron forma al “Endlösung”, es decir, la “Solución Final”.

Los nazis organizaron campos de concentración y guettos  para reunir y controlar a la población judía y al mismo tiempo facilitar su posterior deportación. Las autoridades numerosos campos de trabajos forzados, tanto en el denominado Gran Reich alemán como en territorios ocupados, donde los prisioneros eran explotados laboralmente.

El plan nazi no tuvo el resultado esperado por Hitler, cuyo dominio se derrumbó después de la derrotada alemana en la Segunda Guerra Mundial. A pesar del sufrimiento, los judíos lograron resistir y mantener su herencia cultural. “Pasaron dos mil años con identidad de pueblo sin tener territorio. Su resiliencia es enorme. Mientras existan judíos su legado perdurara”, afirma el historiador Álvaro Torres.

El recuerdo del Holocausto debe mover a la reflexión. Ilustración: Rubén Sevilla Brand

El director de Educación del Comité Venezolano de Yad Vashem e hijo de sobrevivientes del Holocausto, Miguel Osers, comenta que, el legado más importante transmitido por sus padres,  Harry Osers y Dorit Weiss, es el concepto de valores de familia, la importancia de no olvidar el pasado y la importancia del valor de las cosas. “Si comíamos teníamos que servirnos y comer todo del plato. Recuerdo a mi madre decir ‘no sabes qué es pasar hambre”, cuenta.

El interés principal de los sobrevivientes no era contar el principio de la historia sino construir una vida, con ganas de trabajar y vivir.

“Mis padres perdonaron, cosa que tiene que ver mucho con la religión. La venganza más grande que pudo tener mi padre fue ir al campo de concentración de Terenzi en el año 2006, conmigo y su sobrino, cerrando de esta manera el ciclo” dice Osers.

Harry Osers y Dorit Weiss se conocieron en Venezuela y aseguraban que cuando llegaron al país sentían que estaban en el paraíso terrenal. En sus lapidas hay tres fechas: nacimiento, llegada a Venezuela y muerte. Según rememora su hijo, el día que emigraron sentían que habían vuelto a nacer.

Las enseñanzas y aprendizaje acerca del Holocausto son infinitas y  ponen en relieve algunos aspectos fundamentales. En Espacios Anna Frank, una asociación sin fines de lucro, se enfocan en construir paz y fomentar los derechos humanos, trabajando en un esfuerzo para crear  programas educativos que permitan enseñar a las nuevas generaciones las lecciones del Holocausto,  evitando de esta manera  que se produzcan nuevos genocidios en el futuro.

Entre sus actividades se encuentran la realización de conferencias, talleres, foros, conversatorios y cátedras. Estas historias de auxilio y rescate ofrecen una prueba contundente de que siempre es posible alzarse ante la injusticia y las violaciones de los derechos humanos.

* Dahiling Espinoza es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

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