Reflexiones educativas; experiencias virtuosas durante la cuarentena

Sandra Leal Huise.-

En las reflexiones anteriores nos hemos enfocado en analizar la situación educativa venezolana mientras vivimos el aislamiento que impone la cuarentena; se problematizó la realidad y se presentaron las denuncias correspondientes. Si bien la cuarentena es un evento inédito para el cual no estábamos preparados, no podemos apoyar o disculpar improvisaciones, errores, omisiones y medidas arbitrarias en el sector educativo ya que su impacto es negativo a corto, mediano y largo plazo; además, formamos personas, ciudadanos, niños y jóvenes que representan el futuro del país y en ellos recae las consecuencias de las ligerezas e irresponsabilidades. Bajo estas premisas analizamos lo relacionado con los programas del Ministerio de Educación “Cada Familia una Escuela”, la implementación ineficiente de las tareas escolares y la desacertada decisión ministerial de finalización del año escolar 2019-2020.

Trascendiendo las críticas realizadas a las tres realidades antes expuestas, quiero dedicar estas reflexiones a las experiencias educativas que han resultado constructivas y positivas en diversas instituciones. Ellas son el producto de un equipo de docentes (rectores, directivos, coordinadores, maestros, profesores) comprometido con su trabajo y conscientes de lo atípico de la situación, que se han tomado el tiempo para: entrenarse en el uso de tecnología (programas, software, plataformas digitales, aulas virtuales, entre otros recursos); discutir y seleccionar las mejores vías y formas de instrucción y comunicación; diseñar y planificar las actividades más favorables para el aprendizaje de los estudiantes; supervisar y corregir acciones; orientar a los padres y representantes en su labor de apoyo en el hogar.

¿Cuál es la mejor vía o estrategia o herramienta para hacer esto? Esta pregunta refleja una intencionalidad clara: una educación de calidad.

Me imagino que en estos equipos de docentes, en sus reuniones de planificación, ha debido existir una pregunta constante: ¿cuál es la mejor vía o estrategia o herramienta para hacer esto? Esta pregunta refleja una intencionalidad clara: una educación de calidad. La construcción de posibles vías de solución y respuestas a esa pregunta ha sido asumida por estos docentes con responsabilidad, creatividad y laboriosidad, sobre todo porque no siempre hay un único camino y una única respuesta, y además, nos enfrentamos a una situación nueva y retadora; por eso sus acciones durante estas semanas de cuarentena son virtuosas. A continuación destacaré algunas “buenas prácticas” que ilustran esto.

Ejemplos universitarios

Comienzo destacando el caso de las Universidades (especialmente Universidad Monteávila y Universidad Católica Andrés Bello), que a través de sus Aulas Virtuales brindan el espacio para que sus profesores alojen sus cursos y además sea posible la mayor interacción entre docentes y estudiantes, a través de chat, foros y otras dinámicas. Durante la cuarentena ha sido constante la asesoría online a todos los docentes sobre el uso de diferentes plataformas y herramientas (Google, Zoom, Canvas, YouTube, Instagram, WhatsApp, Telegram, entre otras) que les permitan potenciar el desarrollo de sus asignaturas a distancia. Los profesores se han avocado al estudio, exploración, descubrimiento y aplicación de diferentes recursos para desarrollar sus cursos, la receptividad y el apoyo por parte de los estudiantes ha sido alta y se están registrando óptimos resultados.

La cuarentena comenzó sin previsiones y los directivos de algunas instituciones se avocaron a orientar a los docentes

A nivel de bachillerato y coordinado por la Universidad Simón Bolívar, existe la experiencia del Programa Igualdad de Oportunidades (PIO), enfocada en preparar a estudiantes de 5º año para su ingreso en la Universidad.. Durante la cuarentena se han utilizado diferentes medios y vías de comunicación (correo electrónico, página web del PIO, Canvas, Google, WhatsApp, Telegram, mensajes de texto, llamadas telefónicas) debido a la heterogeneidad de los estudiantes (de diferentes instituciones) y a las limitaciones de conexión. Se han mantenido los encuentros semanales (ahora en la modalidad virtual) en cada área (Matemática, Habilidad Verbal y Desarrollo Psicoafectivo) con clase teórica (por video y lectura), práctica (guía de ejercicios) y tarea. La motivación de los estudiantes es alta, la coordinación del PIO supervisa constantemente, ha aplicado dos encuestas para registrar información relevante durante la cuarentena y la participación de los estudiantes se mantiene en un 90%.

En educación primaria también hay “buenas prácticas”. En este nivel la educación a distancia es un desafío inmenso porque la naturaleza del aprendizaje de los niños exige la presencialidad y las rutinas de trabajo en aula para formar hábitos de estudio y enseñar las primeras letras y números. De manera que los temores de muchas maestras para enfrentar esta nueva exigencia educativa son perfectamente comprensibles. La cuarentena comenzó sin previsiones y los directivos de algunas instituciones se avocaron a orientar a los docentes en el manejo de las TIC’s y en el diseño de actividades, guías y módulos instruccionales.

Maestras de la empatía

En muchas instituciones se ha asumido la educación primaria online con responsabilidad y seguimiento diario; se han ido haciendo los ajustes necesarios, con paciencia y firmeza; se ha reestructurado el fin del año escolar y en función de esto se han establecido objetivos de aprendizaje más realistas para el trimestre en curso (reforzamiento de temas estudiados, iniciación de competencias asociadas a temas nuevos); se han destinado especialistas por áreas (Lenguaje, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Matemática) para asesorar a cada maestra, revisar y ajustar sus planificaciones y materiales, unificar la estructura de los materiales por grado o asignatura, dosificar el volumen de contenidos y tareas, crear ambientes de trabajo virtual (páginas web, blog) sencillos y de fácil manejo para docentes y padres. Estos equipos docentes no han buscado la perfección; más bien se han movido con sentido común, aprendiendo y manejando los imprevistos con profesionalismo y creatividad.

El desarrollo de las clases a distancia ha convertido a los padres en los maestros de sus hijos y algunas instituciones educativas también han gestionado espacios virtuales de acercamiento a los padres de los niños, para orientar su nuevo rol de docente en casa, dándole instrucciones claras y así crear las mejores condiciones de aprendizaje en los hogares.

Algunas maestras, conscientes de las implicaciones psicológicas del confinamiento (encierro, reclusión, espacio reducido para la movilidad), han ido más allá del aspecto académico formal y estructurado. Han valorado la socialización como fundamental, no sólo para lograr aprendizajes significativos, sino también para fortalecer afectos y formar a los niños (futuros ciudadanos) en principios como la solidaridad, el compañerismo, la tolerancia, el respeto. Por todo esto no han escatimado tiempo y recursos para estar en contacto cercano y constante con los niños. Hay maestras que han creado grupos de Whatsapp restringidos para los padres de sus alumnos, sólo para chequear el estado de ánimo de los niños (no para atender dudas sobre las tareas); en los casos de existir algún alumno triste o desmotivado o asustado o cansado por el encierro, lo llaman y sostienen una conversación cariñosa, jovial, empática y motivadora.

Esto evidencia que no sólo tenemos docentes enfocados en que sus alumnos comprendan contenidos, sino también en crear las condiciones para que los niños sean felices

Otros docentes han promovido los Encuentros online para activar la emocionalidad positiva de los niños, para que ellos se vean, conversen, expresen cómo se han sentido durante la cuarentena y qué actividades han realizado más allá de las tareas; las maestras han organizado juegos y han motivado a aquellos niños que tocan algún instrumento para que les den un concierto a sus compañeros. Esto evidencia que no sólo tenemos docentes enfocados en que sus alumnos comprendan contenidos y desarrollen habilidades, sino también en crear las condiciones ambientales y emocionales para que los niños sean felices, tengan ilusiones y compartan experiencias que los ayuden a vencer “juntos” los temores que la incertidumbre y la pandemia pueda estar generando.

Quiero dedicar estas reflexiones a mis colegas docentes de todos los niveles educativos que, en tiempo récord, se han vuelto especialistas de la Educación online para niños y adolescentes, y en consecuencia, están desarrollando experiencias virtuosas para sus estudiantes. He querido utilizar el término “virtud” asociado a las situaciones antes descritas porque ellas son fundamentalmente buenas y justas, refuerzan hábitos buenos, las actividades se han escogido con cuidado en función del bien que se quiere alcanzar (desarrollo de habilidades, aprendizaje, formación), se han desarrollado con firmeza y moderación, promueven el trabajo y el cumplimiento de deberes, resultan oportunas para el momento (cuarentena, educación a distancia) y para la persona (el estudiante), están enfocadas en el ser humano que aprende y que debe aprender con gozo y sin traumas. Estas prácticas han sido construidas en equipo, combinando la formación, la experiencia, la sabiduría, las destrezas y el liderazgo de los docentes. Ellas condensan las 4 virtudes fundamentales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y eso las hace éticamente buenas y hermosas en sí mismas.

¡Aplaudo de pie a los artífices de estas experiencias virtuosas!

Sandra Virginia Leal Huise es profesora de la Universidad Monteávila

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