Piso de gelatina

Alicia Álamo de Bartolomé.-

En la filosofía clásica el escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda, representada por el filósofo griego Pirrón, quien decía que no afirmaba nada, sólo opinaba.​ El escepticismo considera que no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse ninguna opinión segura. Es más, asegura que la verdad no existe y que, en caso de que exista, el ser humano es incapaz de conocerla. Pero aquí hay una contradicción: si no se puede encontrar una opinión segura, ¿cómo es que asegura que la verdad no existe?  Además dice que en caso de que la verdad exista, el ser humano es incapaz de conocerla. Esa incapacidad humana es otra idea que asegura.

No creo que haya el mundo muchos filosóficamente escépticos, lo que sí hay bastantes escépticos en la práctica porque es una posición muy cómoda para no actuar. No se comprometen con nada, no se afilian a un proyecto serio y ni de broma asumen una tarea heroica por el bien común. Entre los escépticos no hay altruistas, ni valientes, ni apóstoles y mucho menos santos. Eso sí, pueden ser muy elegantes, de verbo brillante. humor ácido y sobre todo, muy snobs. En el mundo social e intelectual, el escéptico se luce.

Yo critico a la persona escéptica porque la considero un mal mayor en la sociedad. Destruye la fe en los otros y sus obras, carcome el entusiasmo en la lucha por una idea, porque para los escépticos el afán noble por alcanzar una meta es una ingenuidad. El escéptico es un enterrador de ilusiones.

No, nosotros no podemos caminar sobre un piso de gelatina, necesitamos  uno cimentado en creencias, principios y valores que nos dé firmeza y seguridad. El escéptico no hubiera construido nunca una catedral gótica ni un rascacielos. No se puede ascender física ni espiritualmente sin estar anclado en sillares de roca. Ni existe árbol frondoso y fructífero sin raíces profundas e invisibles bajo la tierra. Como piedra angular, como raíz, la persona más eficaz en una obra suele ser la más ignorada. Abundan los héroes anónimos y serlo es una vocación.

Entre los escépticos no hay altruistas, ni valientes, ni apóstoles y mucho menos santos

Abogo por la seguridad y la eficacia de la misión que cada uno de nosotros tiene entre manos realizándola en la oscuridad de una vida corriente. Abogo por no ser oropeles de falso brillo, sino lingotes en la bóveda. Abogo por ser veraz, sincero y fuerte en este momento de ansiosa espera.

No sabemos que mundo saldrá de todo esto. Los profetas están en bancarrota. Nuestros hermanos en la historia no vivieron nada igual. Nosotros somos la generación privilegiada que está dentro de un caos universal, del cual podría salir una nueva luz, una manera distinta de ver a quien, como el sol, hemos gozado siempre de su presencia generosa, pero permaneciendo con los ojos cerrados.

No sé si estamos a las puertas de un apocalipsis o de un renacimiento, en todo caso, les pido a mis amigos escépticos que se queden callados. Quisiera que mis útimos pasos en este planeta, ya vacilantes por mi edad provecta, no sean sobre la gelatina de la duda.

Alicia Álamo de Bartolomé es decana fundadora de la Universidad Monteávila

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