Reflexiones Educativas sobre «Cada Familia una Escuela»

Sandra Leal.-

Como ciudadana, educadora, formadora de docentes e investigadora, siento la responsabilidad de analizar lo que en materia educativa se está desarrollando en Venezuela durante la cuarentena. Las instituciones educativas de todos los niveles están vacías; sin embargo, en todas ellas, su equipo rector o coordinador impulsa y orienta, por diferentes vías y recursos tecnológicos, la educación a distancia. Si bien es cierto que la educación a distancia fue creada para los adultos, no menos cierto es que ella es la modalidad educativa que podemos gestionar en esta situación de aislamiento y confinamiento social.

Por su parte, el Ministerio de Educación venezolano, en su función de Estado Docente, comenzó a ejecutar desde la primera semana de cuarentena su Plan Educativo a través de los programas para televisión llamados «Cada Familia una Escuela», transmitidos de lunes a viernes por los canales del estado (Venezolana de Televisión o canal 8, Televisora Venezolana Social-Tves o canal 2), en diferentes horarios (en la mañana en el canal 8, en la tarde en el canal 2), con una duración de una hora, aproximadamente cada programa.

Este formato se amplió a partir de la quinta semana de cuarentena, ahora hay un programa para Educación Inicial, Educación Primaria, Educación Especial y TIC’s adaptada a estos dos niveles; hay otro programa para Educación Media, Educación Técnica, Educación Especial y TIC’s adaptadas a estos dos niveles.

Por supuesto que yo he hecho seguimiento de estos programas, los he analizado con sentido común, detenimiento y » ojo pedagógico». También los padres de familia, educadores y personas preocupadas por la Educación han hecho su análisis. Desde su primera transmisión, los referidos programas han generado comentarios, críticas y rechazo. Muchos de estos comentarios los he recibido por diferentes vías, los he analizado y aquí presento un resumen y balance de la situación.

Muchas personas han manifestado su preocupación, susto e indignación por los errores propagados en los programas del ministerio. Los errores son de todo tipo: conceptuales, procedimentales, instruccionales. No voy a detallar los errores que se han transmitido, son muchos y muy graves. Pero es deber de los especialistas en las diferentes áreas y niveles, desnudar la falsedad de lo transmitido; no hacerlo y no comunicarlo es hacerse cómplice del error.

En las primeras trasmisiones se evidenció que no existía un diseño instruccional de fondo que diera estructura, orden y coherencia a cada programa; más allá de declarar un contenido y hablar por 5 o 10 minutos sobre un tema, no se evidenciaba claridad en la planificación, estrategias, actividades o recursos que apoyara o ampliara el discurso del docente. Por su parte, los docentes responsables de dar la micro clase, parecen no ser entrenados para transmitir el mensaje que se quiere y carecen de un guion mínimo para conversar sobre el tema.

En las primeras cuatro semanas de la cuarentena, en cada programa de una hora se desarrolló una clase de 5 a 10 minutos para cada nivel educativo: Inicial o Preescolar, Primaria, Media o Bachillerato (incluyendo Educación Técnica). A esto se sumó las clases para la modalidad de Educación Especial y para el uso de las TIC’s. Es evidente que cada segmento (nivel o modalidad) es grabado por separado y que la post producción se encarga de ensamblarlos para generar el programa de una hora, pero esta edición y producto final pareciera no ser revisado porque los errores se graban y se transmiten.

En los referidos programas se dejan «tareas» para que los estudiantes las desarrollen en casa con ayuda de sus padres. Este es el mandato para quienes estudian en escuelas o liceos oficiales. Estas tareas resultan tontas, menos que básicas, no desarrollan ninguna habilidad, no enseñan a pensar, no son retadoras, son un insulto al raciocinio humano y a la chispa de los niños y jóvenes. En conclusión, se intensifica el error.

Con esto de «Cada Familia una Escuela» también se distorsionan roles y responsabilidades. Está bien que los padres y hermanos mayores se involucren en el aprendizaje de los más pequeños, pero también es cierto el refrán que dice «mucho ayuda el que no estorba». Si alguien no tiene el conocimiento, o no sabe explicar, o no tiene la paciencia para enseñar, es mejor que no asuma el rol docente; hacerlo de manera inapropiada puede generar confusión, temor o rechazo hacia el estudio, la asignatura o hacia la propia persona.

En estos 21 años de gobierno bolivariano hemos presenciado el abandono estructural de la escuela primaria y media, la distorsión de valores, la eliminación de la meritocracía educativa, la eliminación de asignaturas y contenidos, la eliminación de las pruebas de ingreso a la universidad, la imposición del Libro Único (Colección Bicentenario), la graduación de docentes en un año, el poder de los consejos comunales por encima de un director de escuela.

La lista anterior puede extenderse mucho más con las diversas decisiones que el gobierno ha tomado en materia educativa. Ante esto resulta difícil esperar que los programas de «Cada Familia una Escuela» (y cualquier otra medida gubernamental) sean buenos, justos, académicos y de calidad.

El Ministerio de Educación tiene los recursos (docentes, tecnología, espacios, televisión abierta) para producir los programas, pero no es capaz de convocar a los expertos educativos (en tecnología, diseño instruccional, contenidos, teorías de enseñanza y aprendizaje, educación a distancia) que existen en las universidades e instituciones educativas venezolanas, para generar programas de calidad. Pareciera entonces que al estado docente bolivariano le interesa masificar el error y la mediocridad.

La crisis educativa venezolana va mucho más allá de la cuarentena, los programas de televisión plagados de errores y la finalización on line y express del año escolar. Es mucho más profunda y compleja, con muchas aristas todas «punzopenetrantes».

Sin embargo, siempre hay fuerzas y esperanzas para seguir luchando en procura de una educación de calidad. Al final y siempre están allí los estudiantes, con sus capacidades no bien desarrolladas, pero con la frescura de sus sueños e ilusiones, con sus planes de ser abogado o médico o veterinario o astronauta o ingeniero o chef o pintor o músico o maestra… No importa lo que ellos quieran ser cuando «sean grandes», siempre le será imprescindible el conocimiento, la formación y los buenos hábitos. Eso es lo que debemos defender.

Sandra Leal Huise es profesora de la Universidad Monteávila

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  1. Fabulosa como siempre, con toda la objetividad del caso. Mi admiración y respeto unido con el gran sentimiento de afecto. un gran abrazo, Dios te bendiga…

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