Pelota Caribe

Alicia Álamo Bartolomé.-

En tono menor

En mis tiempos -no sé ahora- se llamaba así a ese béisbol pícaro, lleno de sorpresas, de los peloteros caribeños que aprendieron a jugar en terrenos baldíos, con bolas improvisadas de trapo, en el mejor de los casos de tenis, palos de escoba por bates y bases de estacas: las famosas caimaneras, a falta de las academias -desaparecidas hoy- que trajeron después los gringos de las Grandes Ligas, con miras de encontrar y formar talentos para futuros jugadores en la Gran Carpa.

Les interesaba la estirpe latinoamericana, como inyección de velocidad, agilidad y versatilidad en los pesados equipos de su país, compuestos por catirotes y negros corpulentos y lentos. No en vano fue la posición de short-stop la primera que invadieron, sobre todo, los venezolanos. Luego otras en el infield, donde se desarrollan las jugadas más rápidas en este deporte.

No cito nombres porque este artículo sería casi tan largo como el empate en el tercer juego de la Serie Mundial de este año entre Medias Rojas y Dodgers de Los Ángeles: 18 innings y único de la Serie que ganaron los angelinos.

Los Medias Rojos de Boston, los eternos rivales de los Yanquis de Nueva York, acaban de ganar esta mal llamada Serie Mundial de Béisbol de las Grandes Ligas de 2018, porque de mundial no tiene nada, es local, pero ahora, no completamente, por la inyección caribeña. En cinco juegos los patirrojos se llevaron el campeonato al vencer en cuatro a los Dodgers.

Hay que destacar a alguien en esta recién finalizada serie: el manager de los Medias Rojas, Alex Cora. Puertorriqueño, es el primer manager latino del equipo bostoniano y el segundo hispanoamericano en ganar una Serie Mundial, el primero fue el venezolano Oswaldo Guillén al frente de los Medias Blancas de Chicago (2005).

Cora fue contratado en 2017 para dirigir al equipo donde jugó en sus tiempos de pelotero activo, bajo una sola condición que impuso: Boston debía enviar un avión con suministros para atender a las víctimas del devastador huracán María que azotó a Puerto Rico el año pasado y cuyas consecuencias aún están vigentes: no sólo miles de muertos, sino otro tanto de personas desplazadas, sin hogar. La condición de Alex Cora no sólo proporcionó hogar a 300 familias, sino que se convirtió en aliento de esperanza para los habitantes de la isla.

Acompañaron al flamante manager durante toda la temporada 2018 de las Grandes Ligas, siguiendo con emoción todo el desempeño de los Medias Rojas: ganaron 108 juegos, más que cualquier otro equipo, un récord, así como el campeonato de la División, de la Liga Americana y finalmente la Serie Mundial. Cada triunfo era una bocanada de alegría para los sufridos puertorriqueños y un escalón más en el pedestal de héroe de su compatriota Alex Cora.

Si la noche del 28 de octubre la población de Boston se lanzó a las calles para celebrar el triunfo, cuarto en lo que va del siglo XXI, después de 86 años de sequía achacada a la famosa maldición del Bambino (Babe Ruth), no menor fue la celebración en todo Puerto Rico por la oportuna hazaña deportiva de ese nuevo héroe que levantó los ánimos.

Para quienes seguimos la Serie, fue una delicia ver la estrategia de Alex Cora, sobre todo en el manejo del bullpen, punto débil de los Medias Rojas. Alternaba los inseguros lanzadores de relevo con los firmes abridores, a lo mejor uno iba a abrir el próximo juego, pero lo ponía a taponear un inning, así sorteó el problema e hizo de la debilidad fuerza.

Los cambios en el line-up fueron muy interesantes y efectivos, no siempre abrían el juego los mismos y los cambiaba en el momento oportuno, no por azar, capricho o intuición -aunque algo de ésta habría- sino por observación inteligente de line-up del equipo contrario. En medio del juego, trasladaba a los outfielders de un lado a otro, según quién estaba bateando en el plato. Y algo raro: éstos consultaban de repente un papelito que tenían en el bolsillo, ¿qué significaba eso?, no lo sé aún, yo nunca lo había visto.

Pero donde se me creció Alex Cora de verdad fue cuando ordenaba robo de base o de dos bases a la vez, toques sorpresivos, bateo y corrido… es decir, cuando tanto en el Fenway Park como en el Dodgers Stadium, corazones indiscutibles del beisbol gringo, de costa a costa, puso en acción, ¡la más pura pelota Caribe!

*Alicia Álamo Bartolomé es profesora fundadora de la Universidad Monteávila

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