Péndulo | El hombre justo

Ana Carolina De Jesús.-

“No existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni después de muerto”. Foto: www.tss.gob.ve

Ante las situaciones por las que atraviesa el país, preguntamos si llegará la justicia. Pareciera que la justicia es sinónimo de orden o al menos un signo de escucha ante el sufrimiento. Pero es con estos hechos que debemos preguntarnos qué es un hombre justo, pues son nuestras acciones las que definen si hay o no justicia. Platón en el primer capítulo de La República, discute qué es un hombre justo a través del diálogo entre Céfalo, Eutifrón, Polemarco, Trasímaco y Sócrates.

Dos hombres se consideran justos. El primero es Céfalo que, ante la vejez y la cercanía de la muerte, se ocupa de dar a cada cual lo que le corresponde. El segundo es Eutifrón, quien va a entregar a su padre por homicidio y dice actuar con piedad puesto que el complacer a los dioses son los llamados actos piadosos. Aquí yace el primer retazo de un concepto de hombre justo: “un arte comercial de los unos para con los otros”.

Céfalo justifica sus actos: el dar a cada uno lo que merece es una garantía ante su devenir. De la misma manera ocurre con Eutifrón, obedece un precepto divino sin tomar en cuenta lo que significa un acto piadoso. Para Sócrates la piedad, como virtud, es una parte de lo justo.

Polemarco va más allá del término dado por su padre. No solo es dar a cada cual lo que corresponde, es una justicia debida: bien a los amigos, mal a los enemigos. He aquí el segundo retazo: la injusticia. Sócrates dice que es el mayor de los males y que si le dan a elegir, prefiere padecerla que cometerla. Trasímaco dice que lo justo es aquello que le conviene al más fuerte porque “al hombre justo le va peor en todas partes que al injusto”. El placer personal como sinónimo de justicia.

Por eso, Sócrates pregunta a Trasímaco: “¿Dices que la injusticia perfecta es más ventajosa que la perfecta justicia?” La respuesta es no porque la injusticia es ignorancia, un vicio para el alma. Quien posea la justicia vivirá bien y el injusto, en cambio, vivirá mal por las consecuencias de sus obras en su alma. Esta es la razón por la cual la injusticia es la desdicha: el alma, el tercer retazo de la justicia. El daño que produce el mal en el alma de quién la comete es el mayor de los males y el motivo por el cuál Sócrates prefiere padecerla.

Por boca de Sócrates, Platón acusa a los jueces que se dejan llevar por las apariencias físicas, retóricas y testigos que no prueban la verdad sino que, por el contrario, dejándose llevar por ellos se les vendan los ojos, oídos y todo el cuerpo. Es así cómo los diferentes retazos muestran la ignorancia de los ciudadanos que creyéndose virtuosos en la justicia, la practican indebidamente por conveniencia.

Platón deja entrever que no solo es la obediencia de las leyes humanas ni divinas lo que constituye la justicia. Vivir una vida de manera excelente es una preparación para la eternidad y es lo que caracteriza a un hombre justo. Por eso Sócrates puntualiza: “No existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni después de muerto”.

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