100 días de Trump: el presidente enfrenta su propio discurso

Miguel Teixeira.-

Trump ha tenido que lidiar con un congreso con mayoría republicana. Foto: photopin (license)

Desde incluso antes de ser electo la figura de Donald Trump en la política estadounidense ha dado más que suficientes cosas de qué hablar en los medios, ya fuera por su explosiva manera de ser en los debates o sus polémicas promesas de cambio que parecieron calar en la mayoría de los electores que le otorgaron el cargo de jefe de Estado que asumió hace ya 100 días.

El cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos no ha cambiado: los escándalos de su presunta vinculación con el gobierno de Rusia han sido foco de importantísimos escenarios donde se ha evidenciado la gravedad del asunto. Desde la renuncia de cuatro oficiales diplomáticos debido a la toma del cargo de secretario de Estado por Rex Tillerson hasta la solicitud de inmunidad por parte del ex consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, para declarar sobre los vínculos entre Putin y Trump.

El internacionalista Félix Arellano asegura que, en el ámbito internacional, las recientes acciones en relación a la situación en Siria y el presunto roce entre Estados Unidos y Rusia no son más que una estrategia para desviar la atención. En su consideración resulta extraña, tomando en cuenta las actuaciones anteriores del mandatario, una acción tan repentina que no hubiera sido sometida a discusión con la Unión Europea, al conocer que obtendría su acuerdo, y que el primer contacto con el exterior luego del lanzamiento de más de 59 misiles fuera con el gobierno ruso. “Es crear un campo rojo para crear una distracción y acabar con las investigaciones de la conexión rusa dejar eso en el pasado”, señala.

Para el abogado Mariano De Alba, especialista en Derecho Internacional, esta relación entre la administración Trump y Rusia también ha sido el tinte principal con el que se han escritos las primeras páginas de este gobierno. “Es una manera para vender la idea de que no hubo ningún acuerdo con Rusia pero es una realidad es que el gobierno de Trump no tiene políticas fijas sobre la política exterior”, comenta.

Desde el punto de vista interno de Estados Unidos, el mayor inconveniente que ha enfrentado el nuevo mandatario es perder terreno ante las promesas que lanzó durante su tiempo de campaña a sus votantes, aseveran ambos expertos. Los ideales de no intervencionismo, reformas migratorias y económicas no han sido tan contundentes como habría prometido.

Arellano explica que existe una gran cantidad de roces, tanto en el sistema político estadounidense con las actuaciones del Congreso, que ha dificultado la aprobación de la reforma sanitaria diseñada por Barack Obama y la construcción del muro con México, así como dentro de su propio partido republicano, que mantiene mayoría en ambas cámaras del legislativo..

“Eso demuestra la debilidad de Trump como negociador y como hegemón, que es lo que intenta proyectar”, subraya.

De Alba considera que este problema no es del todo negativo puesto ha suscitado en un crecimiento interno de Trump como político. Aunque asegura que durante los primeros días era alarmante el curso de acción del mandatario ya que parecía seguir al pie de la letra su discurso, considerado por muchos subido de tono; el encuentro con una realidad que no le permite moverse a su gusto ha provocado que se muestre un poco más meticuloso al respecto sobre sus decisiones.

“Hemos visto a un Trump más lógico y conservador que por ejemplo valora la importancia de la OTAN, que no ha acabado totalmente el tratado con Irán”, asevera.

El internacionalista vincula a este suceso el retroceso de la influencia de Steve Bannon, quien fue consejero del presidente, y se ha dado paso a las perspectivas de Jared Kushner, que ha aportado un aire “demócrata” a las actuaciones del gobierno.

Por venir del mundo de los negocios, un factor con bastante peso en el balance de la administración de Donald Trump es lo que concierne a lo económico. De Alba sostiene que aún es muy temprano para determinar si han sido errores o aciertos las reformas que se han hecho. La salida de la potencia mundial del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y la presunta modificación a los impuestos a grandes empresas y personas con alto capital no rendirán sus frutos en corto tiempo y es difícil asegurar el destino que podrían devenir.

Para Arellano, la mayor debilidad del gobierno de Trump cae en el peso de su propio discurso: las promesas sin cumplir han afectado en gran medida su aceptación y podrían poner en riesgo los votos que consiguió en las pasadas elecciones. “Generó una expectativa falsa y los radicales salieron a votar por él, los grupos que no votaban, grupos rurales, o que no votaban por no creer en el voto empezaron a creer en él porque iba a cambiar todo, iba a cambiar el sistema y esto era una promesa falsa”, destaca.

Para De Alba los momentos más complicados de estos primeros 100 días han tenido como epicentros los temas de discriminación que afectan profundamente a una sociedad liberal como lo es la estadounidense. Trump, a su parecer, se ha guiado más por el corazón que por la razón y esto no es algo que los ciudadanos estén dispuestos a aceptar.

En relación a qué podría hacer Trump  para colocarse “en números verdes” y ser recordado como un buen gobierno, Arellano dice, excusando la ironía, que debería aplicar los proyectos que fueron propuestos por la candidata Hilary Clinton y crecer hacía un gobierno demócrata con detalles republicanos que mantenga una mano dura para adecuarse al discurso que plantea y no dejar a la deriva las esperanzas de los ciudadanos que dieron su voto para generar un cambio que consideran conveniente en el país.

De Alba en cambio rescata que se deberían cesar los escándalos innecesarios que generan relaciones tensas, especialmente aquellos que competen las relaciones entre el mundo político y los medios. Indica que las bases de las decisiones que tome no deben ser impulsivas sino ajustadas a la razón, la planificación y la implementación de un plan de acción claro que satisfaga y sea coherente al plan de gobierno planteado.

* Miguel Teixeira es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

Deja un comentario