Futuro de la paz en Colombia despierta nuevas interrogantes

Andrea Jofre.-

El pueblo colombiano anhela el fin de la guerra. Foto: photo credit: Galo Naranjo DSCF0383 via photopin (license)
El pueblo colombiano anhela el fin de la guerra. Foto: photopin (license)

Era 1981 cuando el presidente Julio Turbay inició un proceso que procuraría la paz y el fin de la violencia en Colombia, pero ante la negativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) aquel primer intento fracasó. Un año más tarde se volvió a la negociación, esta vez el proceso estuvo liderado por el presidente Belisario Betancur, pero este tampoco dio frutos, así como tampoco los proceso de paz de los años 1988 con presidente Virgilio Barco, 1991 con el presidente César Gaviria, 1998 con el presidente Ernesto Samper, y 2002 con el presidente Álvaro Uribe.

El 26 de agosto del año 2012 desde La Habana, Cuba, el gobierno colombiano reanudó las negociaciones con las FARC, y no fue sino hasta el 24 de agosto del 2016 cuando, tras un estrechón de manos, por fin cerraron el acuerdo, el cual se firmó en Cartagena de India el 26 de septiembre del presente año.

Lo pactado aquel día en la capital cubana se materializó en un documento de 297 páginas, que abarca desde el cese al fuego, la reforma rural, la participación política, la solución al problema de las drogas ilícitas hasta el tema de las víctimas. Fueron estos y otros puntos los que dividieron a la opinión pública y a los políticos colombianos, por lo cual, luego de que la Corte Constitucional lo aprobara, el presidente Juan Manuel Santos convocó mediante cadena nacional de radio y televisión a que el pueblo acudiera a la urnas electorales para llevar a cabo un plebiscito, que no es mas que un procedimiento jurídico por el que se somete a votación popular una ley o un asunto de especial importancia para el estado. La consulta se realizó el 2 de octubre.

Buena parte del mundo se preparaba para que ese domingo se hiciese historia con el fin de un conflicto armado que data desde hace más de medio siglo, pero llegaba la noche y con ella un resultado sorpresivo: 50,21% de los colombianos rechazaron el acuerdo votando por el No, y 49,78% dijeron que Sí.

En dichos comicios se registró un 63% de abstención electoral, cifra que preocupó al gobierno por ser la tasa más alta en décadas.

La pregunta que muchos se siguen haciendo es cómo es posible que un país rechace la paz. El asunto sorprende a cualquiera, pero lo cierto es que el tema es más complejo de lo que parece.

“Yo voté por el No y no me arrepiento”, dijo Myriam Macías Ribón, una bogotana que comparte su pensamiento tras el plebiscito.

“Me leí gran parte de los acuerdos del gobierno con las FARC, y aunque si bien estoy completamente de acuerdo con la paz, creo que no a un precio tan alto donde se negocian principios básicos de la democracia”, agregó.

Macías aseguró no estar en desacuerdo con que las FARC obtenga curules en el Senado y la posibilidad de convertirse en un partido político, ya que sospecha podrían usar el dinero proveniente del narcotráfico para comprar a las personas de clases mas bajas y disfrazar la dictadura.

“La aplicación de la rebaja de penas a delitos de lesa humanidad me parece inconcebible e injusto porque si bien es cierto que se debe perdonar, no implica dejar impunes tantas atrocidades cometidas. Además, en la política de dejación de armas no le queda claro a nadie donde las dejan y si es para siempre”, puntualizó.

Y ante la pregunta de si cree que se materializara el acuerdo de paz en algún momento Macías contestó que “como en todos los países donde han existido conflictos de grupos armados por varios años, creo que propuesto en algúnn momento se materializará el acuerdo de paz, pero para ello es vital que el gobierno coloque negociadores pertenecientes a todos los ámbitos involucrados en el conflicto, donde realmente se les comunique lo que se está pensando acordar. Igualmente es importante que los negociadores del gobierno piensen realmente en el país y no en intereses personales”.

“Hay demasiados puntos incoherentes y de libre interpretación, por ende, pienso que se deben clarificar los acuerdos, y eso es lo que quise expresar al votar por el NO, y creo que el resultado de la verdadera justicia social, será la paz que tanto anhelamos”, apuntó.

Pluma también conversó con un ciudadano que votó por el SI, pero quien, a la hora de responder, prefirió conservar su identidad en el anonimato.

“Creí que éramos un país civilizado que cree y apuesta por el avance colectivo, el perdón, el seguir adelante, sin embargo me conseguí con que somos un país retrogrado que le dijo que no a un acuerdo que supondría la paz con las FARC, algo que se soñó por años y que se pudo ver materializado este mismo año. Somos un país que está muy lejos del avance cuando se piensa que alguien que estuvo en la resistencia no puede estar realmente arrepentido”, comentó.

Recordó los intentos por la paz del año 1981 y aseveró que el país retrocedió hasta aquellos años en donde las negociaciones apenas comenzaban. “Es triste que el miedo nos haya hecho retroceder”, apuntó.

Yamile Suavita Tejedor no tuvo problemas en reconocer que votó por el SI, y asegura que todavía siente que hizo lo correcto.

“Yo estaba de acuerdo con el proceso de paz, ya que he vivido el flagelo de la violencia y consideraba que esta sería una muy buena oportunidad de cambio para mi paíss, siendo consciente de que con este acuerdo no se solucionaría tantos problemas de nuestra sociedad actual, pero si era un buen comienzo para un alto a tantos años de violencia”, explicó.

Con respecto al futuro del acuerdo de paz, Suavita afirmó ver “muchos intereses políticos en esta nueva negociación y tengo fe de que si hay unos nuevos acuerdos se pueda llegar a una conciliación con estos grupos armados, pero siento que estamos en manos de unos pocos que quieren seguirle sacando provecho a la guerra”.

* Andrea Jofre es estudiante de Comunicación Social.

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