Una casualidad tortuosa

Francisco Blanco.-

Este es un hecho de la vida real

La Sra. Müller es una de las tantas descendientes de esas familias que vinieron a nuestro país desde la provincia alemana de Baden a mediados de 1800. Esas personas cambiaron el frío de la selva negra por la neblina de lo alto del estado Aragua, y, entre barro, trópico y sudor hicieron lo que hoy conocemos como La Colonia Tovar.

Todo el mundo en La Colonia se conoce, es una comunidad pequeña, me atrevería a decir 100% endógena, consumen lo que cosechan, venden en las ciudades cercanas lo que siembran, generan su propio sistema de agua y son un centro turístico muy típico del norte de nuestro país.

Todo el mundo en La Colonia es familia, es una comunidad que ha sabido mantenerse viva, no por sectarios, sino por su cultura de trabajo. El agro no es fácil, no es para todo el mundo, y el sentido de tradición y arraigo con esa montaña de suelo de piedra donde por cosas de Dios se puede sembrar es una cosa que va de generación en generación.

Todo el mundo en La Colonia sabe hacer de todo, por la característica de la zona, por su acervo histórico y por lo que es hoy en día, todos los “colonieros” saben cocinar con un sazón muy peculiar, saben sembrar todo lo que la tierra tiene para dar, saben construir en superficies poco amigables, saben cantar como los pájaros de esa montaña y saben atender a la gente con verdadera amabilidad. Con lo cual, es común que las familias originarias tengan una tierra para cultivar, una posada para el que se quiera quedar y un sitio de comida para el que quiera degustar.

La Sra. Müller no escapa a esa realidad.

Como buena coloniera, la Sra. Müller tiene la tez clara y los ojos azules, los años le han dado tres cosas: la primera un cabello gris claro producto de las canas y del castaño de su juventud, la segunda una suavidad en la palma de las manos que había perdido por tantos años de trabajo en la tierra y la tercera una mirada penetrante, de esas que lo han visto todo, porque la Sra. Müller es la que está todos los días, vestida de traje típico detrás de la caja registradora del Café Müller, a dos curvas del arco de La Colonia Tovar.

Como buena coloniera, la Sra. Müller tiene un 4×4, que la lleva y la trae de su casa al terreno en las madrugadas, del terreno al negocio en las mañanas y del negocio a las habitaciones los fines de semana cuando llegan los turistas, de La Colonia a Caracas o a La Victoria cuando hay que comprar algo importante o hacer una diligencia especial.  

Como buena coloniera, la Sra. Müller va a Puerto Maya, la playa más cercana de La Colonia Tovar. En una ocasión, regresando de un buen día de playa… cerca del arco… unos sujetos le trancan el paso, detienen su 4×4 y con violencia se lo quitan dejándola tendida en la calle… se despierta con un dolor donde la nuca se convierte en cráneo producto de un cachazo de pistola, va a hacerse una tomografía cerebral y descubre que tiene un tumor en el cerebro… está en su fase inicial, el doctor dice que es de esos que no avisan que están hasta que es demasiado tarde, que casualidad tan tortuosa eso que le pasó a la Sra. Müller.

*Francisco J. Blanco es director de la escuela de Educación

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