Personas que experimentan amor

Rodolfo Bolívar.-

Las personas deben experimentar el amor de Dios a través del amor de los hombres, pero no soy persona al existir en plenitud sin amor, no es simplemente ser, siendo amo, y amando soy, es en mi humilde opinión filosófica el culmen de la existencia y el amor como sentimiento único lo que hila el mundo, y en el acompañamiento, al ser persona en esencia soy ese amor que debe irradiarse en el camino de quien lo necesite; para edificar, para sostener, para mantener, para acompañar y me relaciono así desde las necesidades espirituales de quien requiera mi acompañamiento.

Es un tema de empatía y eso reafirma mis inquietudes en el tema, me resuena, evitando juicios de valor, la cercanía en libertad con la persona genera un encuentro único, donde sí me parece muy de cuidado el manejo de los niveles de ansiedad del facilitador, ya que no siempre en un camino como el propuesto se tratará de paseos y tertulias agradables, muchas veces será necesario firmeza y guía estricta en el cumplimiento de metas que eleven la espiritualidad, pero que no tendrán mayor acogida en el dirigido.

En el extremo de las relaciones se debe tener mucho cuidado por igual con lo que se ha denominado ‘Transferencias’, no podemos transferir los problemas del guiado a nuestra vida de forma que afecten nuestra estructura mental y/o familiar, social, etc., en eso debemos estar claros, así como en el avance hacia caminos de intimidad que puedan torcer o equivocar lo propuesto o planteado en una guía espiritual, esto me parece de importancia capital.

Desde el diálogo

Una terapia espiritual transpersonal ha de ser empática en estos tiempos, a pesar de existir según la clasificación de Carl Rogers, otros modelos como el autoritario y democrático, con sus implicaciones de ejercicio, diálogo y resultados.

Si bien es cierto que se debe partir de la autenticidad, la aceptación y obviamente la empatía, lo más relevante a mi juicio es obtener y consolidar posturas de diálogo, es preciso entender que de seguro comenzará una relación personal en el camino espiritual emprendido y el diálogo constante será la única manera de conservar la verdadera dirección del proceso, lo que permitirá un buen flujo de comunicación e información entre orientador y orientado, para poder evaluar firmemente resultados espirituales.

En el texto se refiere a unas recomendaciones de guía espiritual indicadas por San Juan de la Cruz y son altamente competentes en el manejo del proceso, particularmente me quedo con la numerada como 3: ‘Emplear la razón humana/dialogal, desde el autor revelación de Jesús, lo que nos lleva a imitar a Cristo’, para poder ser modelo de consejero espiritual por excelencia.

Plantea González que el orientador espiritual es un instrumento, que imitando a Cristo y por medio de la contemplación infusa del Espíritu Santo y en proceso de unión con Dios Padre, se consiguen los mejores resultados esperados, con plena confianza, comenzando por el inicial acompañamiento clásico de espíritu y por medio de un afecto cordial sano, desarrollando el don de entender a las personas, elevando nuestra alma y la del acompañado a una familiaridad con Dios en vida de oración.

Se logra así,  el arte de la sencillez en el acompañamiento, con eficacia, magnanimidad y confianza, sin olvidar que la gracia de Dios es quien conecta los seres, los acompaña en el recorrido y les orienta al fin último del proceso, sea desde un llamado a la conversión, desde una acentuación de problemas personales que necesitan ayuda o desde una comprensión de las necesidades intrínsecas en las relaciones intersubjetivas humanas producto de las sociedades que estamos viviendo y que piden a gritos un crecimiento espiritual, recomendando que sea en y desde el amor.*Rodolfo Bolívar es profesor de la Universidad Monteávila

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