La habitación 101

Felipe González Roa.-

 

_ ¿Te acuerdas —le dijo a Julia— de aquel pájaro que cantó para nosotros, el primer día en que estuvimos juntos en el lindero del bosque?

_ No cantaba para nosotros —respondió ella—. Cantaba para distraerse, porque le gustaba. Tampoco: sencillamente estaba cantando.

1984

George Orwell

 En la habitación 101 se oculta “lo peor del mundo”. En el caso de Winston Smith, el protagonista de la novela 1984 de George Orwell, eran las ratas. A ellas lo enfrentaron para quebrarlo anímicamente, para destrozarlo psíquicamente, y así lograr su dócil sometimiento.

¿Pero son las ratas realmente “lo peor del mundo”? Más allá del terror y del asco que inspiraban en Winston Smith, probablemente se trataba solo de un instrumento de la tortura para alcanzar el objetivo del torturador: aniquilar el pensamiento y así destruir la identidad individual, acabar con la libertad.

La capacidad de pensar es realmente lo único que define al ser humano. Cuando alguien no piensa por sí mismo está a merced de los demás, de aquellos que simplemente desean utilizar a las personas como si fuesen un objeto, usualmente con el ánimo egoísta de simplemente saciar sus deseos.

Que te arranquen el pensamiento. Eso es realmente “lo peor del mundo”.

Aunque probablemente haya algo aún peor: permitir que el pensamiento sea arrancado. Ni siquiera luchar para impedir que otros pretendan imponer su visión del mundo, no propiciar la existencia de un debate plural y sincero, la búsqueda del conocimiento.

Porque precisamente para poder tener un pensamiento propio, libre, es indispensable saber y conocer, pero sobre todo tener la necesidad, el deseo y la sed, por saber y conocer. Para eso es necesario tener los sentidos abiertos y la mente expectante por siempre aprender: en cada conversación, en cada experiencia vivida, en cada detalle que nos rodea en el día a día.

Pero, sobre todo, ayuda el amor por la lectura. Por supuesto, también una buena película (esas que pueden citarse como obras maestras del séptimo arte), o una gran pieza musical (esas que no repiten incesantemente el mismo ritmo y la pueril letra), o una envolvente pintura (esas en las que, cada vez que las ves, encuentras un nuevo descubrimiento). Pero son los libros tal vez los que mejor ayudan a conversar con uno mismo, a reflexionar en silenciosa voz alta. A pensar…

Preocupa mucho escuchar, sobre todo a los jóvenes, hablar con desdén de la lectura, expresar su tedio por tener que enfrentarse a páginas y letras, como si fuese un castigo, como si se tratase de una tortura. Así aceptas, con una mueca que cree ser una sonrisa, que te arranquen el pensamiento, que te conviertan en un genuflexo ser temeroso de la libertad, rehuyendo de la vida.

Todos encerrados en la habitación 101.

_ La casa está rodeada —dijo Winston.

_ La casa está rodeada —dijo la voz.

Winston oyó que Julia le decía:

_ Supongo que podremos decirnos adiós.

1984

George Orwell

*Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

Deja un comentario