Péndulo | Teofanía (2)

Ana Carolina De Jesús.- 

Dios se deja mostrar en la creación para que el hombre logre encontrarlo. Foto: Cortesía

Ejemplares primeros, predeterminaciones, decretos divinos, prototipos, voluntades divinas, causas primeras; todos son sinónimos de la naturaleza que crea y es creada. Están ubicadas, según Escoto Erígena, en el Verbo, el Hijo Unigénito.

“Son principios de todas las cosas porque cuantas cosas se sienten o entienden en la criatura visible o en la invisible subsisten por participación de ellas. Ellas, a su vez, son participaciones de la única causa universal, de la suma y Santa Trinidad” (Pheriphyseon. Sobre la división de la naturaleza”, 34.).

“En el principio existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella, y sin ella nada se hizo” (Jn 1, 1-3).  Todo se hizo por ella: este todo involucra a la creación. Las causas primeras contienen a la creación. Sin ella nada se hizo: la iniciativa de esta primera autogeneración de Dios yace en el Hijo, sin el cual Dios mismo no pasaría a ser de la naturaleza que crea y no es creada a aquella que crea y es creada.

¿Puede ser confuso? Si. El lenguaje de este autor se presta a entrelazar cada división de la naturaleza hasta pensar en un panteísmo. Retomemos ahora el punto del Hijo Unigénito. Dios es incomprensible. Como es incomprensible, escapa al entendimiento humano la explicación de la unidad de su esencia que contiene a tres personas –según las Escrituras–: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Como Dios es este misterio, tuvo su principio (el mismo principio de la creación del mundo) en las causas primeras, generadas por Él y depositadas en su Hijo. Estaríamos hablando de una criatura, de manera impropia, que se encuentra en el Hijo de Dios.  Engendrado, no creado, reza el credo de la Iglesia Católica. Ni el Hijo ni el Espíritu Santo son creaciones de Dios pues forman parte de Sí mismo.

Por esta razón, podemos decir que el Hijo es la causa creadora de todo el mundo. En el evangelio de Juan se utiliza una palabra más apropiada, producto del idioma original en el que fue escrito (griego). Esta palabra es Logos. El logos está asociado a lo que entendemos por razón, que es un instrumento de nuestro intelecto que articula el lenguaje en un discurso para dar orden a la experiencia.

Si acuñamos este término al Hijo del Dios, es fácil encajar la idea de Escoto con la del término Logos. Las causas primordiales son los genes de la creación, que contiene el ADN del Creador. Las criaturas, cuales teofanías, identifican a Aquél de les da origen. Es en Jesucristo el punto de partida de lo creado. Por tanto, solo en Él se deposita la capacidad redentora de la misma creación. 

Dios se esconde del hombre en sus causas primordiales pero éstas lo reflejan en su propia obra. ¿Por qué? Porque no tiene intención de permanecer oculto. Dios se deja mostrar en la creación para que el hombre logre encontrarlo.

*Ana Carolina De Jesús es profesora de la Universidad Monteávila.

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