De adentro hacia afuera

Ainara Guevara B.

Un cuarto de año ha transcurrido en cuarentena, y tras una nueva extensión del Estado de Alarma, pareciera que las únicas certezas con las que cuento son una creciente incertidumbre y la formación de una atemorizante nueva normalidad.

Salí de mi casa solo una vez  hace un par de días, con el motivo de buscar un regalo de cumpleaños para mi hermano mayor, y bastó aquella oportunidad para percatarme de que el inicial miedo al contagio de los primeros meses pareció esfumarse casi por completo.

La ciudad sigue vistiendo su ajetreo, aunque agregó como accesorio de su conjunto al tapabocas y las respectivas medidas de distanciamiento social. Aun con la mascarilla puesta, es factible ver un uso indebido de la misma, acompañado de un sentir de cierta incredulidad en el ambiente. La flexibilización de la cuarentena se percibe inoportuna e incongruente ante el aumento de casos de las últimas semanas. Las colas por la gasolina, aunadas a lo anterior, incrementan un descontento y malhumor algo silentes, pero generalizados.

Me he dado cuenta de que ahora más que nunca la autoconsciencia y autosuficiencia son fundamentales

La vida desde la ventana de mi casa parece lejana, ficticia. Ciertamente, todo se paralizó en un instante. Pero, cueste o no admitirlo, también creo que esta situación ha reflejado que mucho de lo que se veía exclusivamente como una actividad presencial, puede realizarse a distancia. Del mismo modo, el contacto personal con los demás se puede valorar y añorar más.

A estas alturas, cualquier reflexión sobre el tema se siente repetitiva. Sin embargo, desde mi punto de vista, tal vez hemos sido demasiado duros con la noción de cuarentena y su efecto inhibidor del paso del tiempo. Ahora, siento que queda de cada quien hacer de los días algo por lo que motivarse. La rutina de antes hacía que nos moviéramos muchas veces más por inercia que por voluntad.

Durante este tiempo, me he dado cuenta de que ahora más que nunca la autoconsciencia y autosuficiencia son fundamentales. Ser autodidacta se volvió una cualidad indispensable, al igual que la introspección una especie de relajación obligatoria. A fin de cuentas, quedarme en casa haciendo lo que me gusta, refugiándome entre las palabras de los libros y descubriendo algún nuevo pasatiempo, es una forma de ayudar.

En estos días, incluso más que antes, creo que para ver un cambio es necesario trabajar desde adentro -tanto en sentido figurado como literal- para exteriorizarlo. Se trata un poco de seguir la premisa del slogan que en mi materia electiva de producción de radio escogimos para una campaña que elaboramos referente al coronavirus: «El comportamiento de uno es la solución de todos».

*Ainara Guevara es estudiante de la Universidad Monteávila

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