El ritmo del comercio en Petare al sonido de un silbido

Comerciantes  laboran solo cinco horas diarias y hacen magia para rendir los ingresos y el horario

Valeria  S. De Brito.

“El pitido del estrés”, se escucha decir. El pito que significa que la mañana de trabajo que empezó a las 7:00 am debe terminar. Este agudo y punzante sonido del silbato ocasiona una ola de personas caminando con bastante prisa y pasos agigantados de un lado para otro con caras que reflejan preocupación, tratando de hacer las compras del día a día más rápido.

A lo lejos se escuchan las voces de algunos comerciantes pidiendo que “los dejen trabajar 30 minutos más”, mientras terminan de atender a los clientes que ya están en la fila. Pero esto es muy difícil de conseguir. Los cuerpos de seguridad son estrictos con sus normas. 

Son las 10:30 de la mañana cuando funcionarios de Polisucre y la Guardia Nacional empiezan a sonar sus silbatos de metal o plástico negro, anunciando que todos los locales y el mercado deben cerrar. Asimismo debe iniciar el desalojo de los consumidores.

Una rutina que merma las fuerzas

“Llego al negocio esperando que sea un mejor día, más productivo que el anterior. Pero mi esperanza se acaba cuando veo la hora y ya empiezan a sonar el bendito silbato”, señala José Luis Fernandes, con tono de angustia y desesperanza. 

En Caracas, Venezuela, municipio Sucre, adentrándose en Petare (el barrio más grande de Latinoamérica) frente al Centro Comercial Súper Centro Petare (El Sambilito); se encuentra el mercado Sipeco, popularmente llamado “El mercadito de la ropa”; trabaja desde hace 24 años José Luis Fernandes, quien es el dueño del “Frigorífico El Deleite De Los Quesos”, una carnicería y charcutería que sirve al público. 

El mercado está forrado de ladrillos por fuera y por dentro logra conservarse, las baldosas tiene un color pardo rojo con cemento quizá un poco opacas pero se observa que han sido limpiadas. 

En líneas generales todo se mantiene limpio a pesar de que fuera lo más impactante es la basura en el piso, los buhoneros en las aceras, los medios de transporte (motos, carros y autobuses) y las personas que transitan la vía de manera libre.

Desde hace 24 años, Fernandes tenía la costumbre de abrir su negocio a las 8:00 de la mañana y trabajar 12 horas continuas, de lunes a lunes, solo tomando descansos la mitad de un día feriado o los 4 primeros días de enero. Lo que actualmente por el confinamiento y las medidas de seguridad y sanidad por el Covid-19, cambió. 

Me levanto temprano para caminar hasta mi negocio, me esfuerzo las 5 horas que me dejan trabajar e igual el día no es productivo

La rutina de José se ha visto afectada por lo mismo, ya que solía salir de su casa a las 7:00 de la mañana, y manejaba su vehículo hasta llegar a su trabajo, ahora sale de su casa a las 6:30 am y camina 15 cuadras debido al reciente acontecimiento con la gasolina. Para así, llegar a su negocio y tratar de aprovechar el día que para él es totalmente insuficiente. 

Es ahí cuando empieza el día. Los empleados también llegan temprano, Adrián Rodriguez más, porque vive a la vuelta de la esquina; pero Omar Pacheco, el segundo empleado tiene que hacer varias maniobras para poder llegar al local, ya que vive bajando por la carretera vieja de Guarenas, cerca de Mampote.

Pasar por varios autobuses, moto taxis y hasta las llamadas “perreras” (camiones que transportan mercancía con barandas de metal a los lados), forma parte de su rutina. Conseguir la perrera es fácil, dentro de lo que cabe. “Lo difícil es montarse: lo ves, lo intentas parar y te montas andado”, comenta Pacheco. 

Agarrar a una perrera es mucho más fácil que un autobús, esos van llenos. Tienen como a 5 personas casi saliéndose por la puerta, de la cantidad de gente que va ahí metida”, explica Pacheco en referencia al traslado hacia su trabajo. 

Fernandes se vio en la necesidad de proporcionarle un salvoconducto a este empleado para evitar conflictos con la policía o los guardias y que pueda llegar a trabajar, además de facilitarle un dinero extra, ya que dichos transportes aumentaron el precio del pasaje por la misma situación del país y también de la gasolina. 

Una economía que no cuadra

“Me levanto temprano para caminar hasta mi negocio, me esfuerzo las 5 horas que me dejan trabajar e igual el día no es productivo. La gente no está comprando como antes y los gastos siguen siendo los mismos”, señala José con un tono más exaltado que el anterior.

El dinero que el negocio recibe se redujo casi tanto como las horas en las que José puede trabajar, del mismo modo debe realizar los pagos, que han sido así siempre pero ahora con menos.

A pesar de la situación, a José le exigen que los pagos pertinentes sean puntuales, ni un día más ni un día menos. Tales como: proveedores, impuestos nacionales y municipales, aseo urbano, electricidad, agua y por su puesto el salario de los empleados.

Sin mencionar que Fernandes tiene dos hijas y una esposa a las que debe mantener. Las compras del supermercado siguen siendo las mismas, solo que ahora un poco más costosas por la subida del dólar. 

Su caminar es denso y con los hombros caídos, dando pasos que parecen firmes pero cuando tocan el piso es un simple arrastre del zapato. Lo mismo pasa con sus palabras, van de lo alto a lo bajo; se puede notar el peso en los hombros de ser un hombre de familia y estar preocupado por el país y por su negocio.

Por la forma en la que habla de la situación, deja ver que se siente cansado y agobiado de lo que se vive el día a día. Quiere trabajar las horas de siempre pero no se le permite; se ha rebuscado desde casa haciendo delivery de su misma mercancía, pero los motorizados que acostumbraban hacerle los mandados en circunstancias normales no tienen gasolina o cobran hasta 10$.

La verdad no se como describir lo que siento, es deprimente solo poder abrir un cuarto de la mañana. Tengo mucha molestia y ansiedad porque obviamente no gano lo que ganaría normalmente en un día completo laborando. Es frustrante, tengo una familia y tengo los gastos que amerita un local como el mío. Seguiré firme o como dicen por ahí hasta que el cuerpo aguante”, señala sosteniendo su cabeza con la mano, mientras espera la nueva normalidad anunciada por el gobierno nacional.

Valeria  S. De Brito es estudiante de la Universidad Monteávila

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