Reflexiones educativas: finalización del año escolar 2019-2020

Sandra Leal.-

Reflexiones educativas

Al comenzar la cuarentena, en las instituciones educativas se activaron diversos mecanismos para continuar sus cronogramas trimestrales, semestrales o anuales, según el caso. En los niveles de educación primaria y media general se generaron grandes preocupaciones en la reprogramación -necesaria y urgente- que debía hacerse, por ser los niveles educativos que concentran mayor cantidad de estudiantes y, además, la población atendida es la más vulnerable desde el punto de vista educativo.

Por una parte, los niños (en primaria) se inician en la escolaridad y aprenden sus primeras letras y números, empiezan a desarrollar sus capacidades, adquieren hábitos de estudio, experimentan la socialización más allá de sus hogares, aprenden a seguir instrucciones, descubren el mundo a través de las ciencias y las humanidades.

El Ministerio de Educación tomó una decisión autoritaria, como la ha tomado con diversos asuntos educativos

Por otra parte, los adolescentes (en bachillerato) amplían, diversifican y profundizan sus conocimientos, consolidan sus hábitos, definen y fortalecen su carácter, comienzan a evaluar sus gustos e intereses, se plantean su proyecto de vida, planifican su futuro. Por estas razones, terminar o no un año escolar bajo las circunstancias de la pandemia mundial, debió ser una decisión bien pensada, evaluada y consensuada; no ha debido ser una solución intempestiva.

El Ministerio de Educación tomó una decisión autoritaria, como la ha tomado con diversos asuntos educativos; decidió finalizar el año escolar 2019-2020, sin consultar la opinión de los docentes y directivos de las instituciones, sin hacer un balance general (metas, logros, indicadores alcanzados) de lo transcurrido en el año escolar, sin evaluar las consecuencias de esta decisión en la vida de los estudiantes y en el destino de la educación en Venezuela.

Es cierto que el gobierno anunció una consulta sobre el fin del año escolar a través de su plataforma Patria, pero debemos suponer que sólo opinaron las personas registradas allí, es decir, quienes son portadores del Carnet de la Patria, de manera que se recogió la opinión de personas que, en su mayoría, no son profesionales de la Educación. Ante la emergencia, este era el momento para convocar a los docentes del país para evaluar los beneficios y los perjuicios de terminar vía «on line» el año escolar. Sin embargo, el ministerio se equivocó en la consulta (si la hizo), no recogió la información con «informantes claves» y tomó una medida populista y mediocre que viene a acentuar la grave crisis educativa venezolana.

Educación incompleta

El calendario escolar no se cumple a cabalidad en Venezuela desde hace años. Para el mes de marzo ya debe haber transcurrido dos tercios del año escolar (entre un 65% y 70%) y quizás esto se cumpla en algunas instituciones educativas privadas que comienzan el año en septiembre, tienen su planta profesoral completa y no pierden días de clase.

Pero la inmensa mayoría de las instituciones oficiales comienzan el año escolar tardíamente (en octubre, noviembre o enero) porque prolongan las inscripciones hasta completar la matrícula exigida por el ministerio, además suspenden clases por cualquier motivo (una fiesta patria decretada por el gobierno, una reunión del concejo comunal, un operativo de salud o de alimentación) y no tienen profesores en varias asignaturas, porque los docentes se han jubilado o renunciado (por los bajos sueldos, inseguridad, cambio de oficio, se han ido del país).

Lo anteriormente descrito permite concluir que en las instituciones oficiales aún no se completa el 50% del año escolar. El Ministerio de Educación conoce esta situación y a pesar de ello decreta un calendario de finalización de año escolar, con fechas de cierre del tercer trimestre, entrega de notas, cronograma de exámenes de recuperación o reparación, promoción al grado o año siguiente, graduación de bachilleres.

De manera que la decisión ministerial resulta deshonesta e irresponsable pues, aun conociendo las limitaciones y los vacíos existentes, exige cerrar el año escolar «como sea». Esta parece ser una invitación abierta a la piratería.

Todo lo anteriormente descrito impacta en la educación universitaria: bachilleres que al ingresar a la universidad no logran aprobar las asignaturas del ciclo básico

Las políticas educativas basadas en decisiones impulsivas, indecorosas e insensatas resultan tan mortales y violentas como un disparo a la cabeza porque atentan contra la vida de los estudiantes, afectan irremediablemente su futuro. Un niño de 6to grado que ni haya desarrollado una primaria completa, no tenga fortalecidas sus habilidades básicas (en lectura, escritura y cálculo mental), no comprenda lo que lee, no se exprese con sencillez y claridad, no razone lógicamente con las operaciones aritméticas básicas, no debe ni puede ser promovido al primer año de educación media.

Así mismo, un estudiante de 5to año de bachillerato sin profesores en asignaturas y en varios años, que no haya leído y analizado un par de novelas, no experimente en un laboratorio (modesto, sencillo) de Biología o Química o Física, no sepa elaborar o leer e interpretar un gráfico (de barras, circular o estadístico), no estudie temas matemáticos fundamentales (productos notables, sistema de ecuaciones, funciones, trigonometría), no sepa resolver problemas de manera estructurada, no debe graduarse de bachiller porque no puede enfrentar exitosamente estudios superiores de algún oficio o carrera universitaria.

Todo lo anteriormente descrito impacta en la educación universitaria: bachilleres que al ingresar a la universidad no logran aprobar las asignaturas del ciclo básico, porque no tienen los conocimientos ni las habilidades básicas que les permita superar las dificultades, vencer los retos, aprender y avanzar en su formación profesional.

Nuevo año escolar

Entonces, ¿cuál ha debido ser la decisión más sensata, honesta y educativamente correcta? Sin duda, no finalizar el año escolar 2019-2020 en la cuarentena. Si la pandemia mundial nos llama a enfocarnos en lo fundamental, que es la vida, esa debe ser la premisa de todas las decisiones que se tomen y en tal sentido debió reprogramarse una extensión del año escolar en dos momentos y modalidades.

Primero, una parte de educación a distancia a desarrollarse durante la cuarentena, con clases virtuales, utilizando diversas tecnologías disponibles con sensatez y sin saturar de tareas a los estudiantes, con actividades para reforzar contenidos vistos, desarrollar el gusto por la lectura y escritura, acercar a los estudiantes de manera amigable a la Matemática y las Ciencias (a través de vídeos y charlas); en esta etapa es fundamental el contacto on line entre profesor y alumno. Y segundo, el momento de regreso a clases presenciales una vez que se suspenda la cuarentena, es aquí cuando se continúa el año escolar y se avanza hasta terminarlo.

La mayoría de los países en América tienen programado su año escolar, de primaria y bachillerato, de enero a diciembre

Es decir, estoy planteando que el año escolar 2019-2020 finalice en el último trimestre del año 2020, si queremos que haya auténtico y verdadero aprendizaje, si reconocemos que los procesos cognitivos requieren espacio y tiempo para que se desarrollen eficientemente, si valoramos el estado anímico y emocional del estudiante como elemento fundamental para que haya aprendizaje.

Creo que ganamos mucho (como país, como sociedad) si postergamos inteligentemente la finalización del año escolar para finales del 2020 y comenzamos el próximo año escolar en enero de 2021. La mayoría de los países en América tienen programado su año escolar, de primaria y bachillerato, de enero a diciembre; esa ha sido una propuesta educativa que en varias oportunidades se ha discutido y estimo necesario que se retome este debate en este momento si queremos aportar soluciones a nuestra crisis educativa.

En una próxima entrega de Reflexiones educativas destacaremos algunas experiencias educativas positivas, constructivas, poderosas, enaltecedoras y hermosas que han surgido en instituciones y como iniciativas de educadores comprometidos con sus estudiantes y el futuro del país.

Sandra Leal Huise es profesora de la Universidad Monteavila

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