Soy negro y estoy orgulloso

Vicente Corostola.-

1968

Más de tres mil personas unen sus pieles. Vivir en barracas de madera es la consigna. Los pies de Lincoln y Washington son testigos fieles. La grama, la tierra, los espejos de agua del National Mall serian casa. La misma casa invadida años antes con un sueño en la mano. Dormir, comer, levantar la voz era el credo de un nuevo encuentro de jóvenes blancos y negros que luchaban por la igualdad de los derechos. Nacía Ciudad Resurrección. Nacía Ciudad Esperanza. La última palabra de Martin Luther King Jr. para la Campaña de los podres. Su último sueño.

Días antes los recolectores de basura ponen su grito en el cielo. Martin se pone a la cabeza. Otra tormenta cae sobre sus hombros. La brecha salarial es importante. Unos cobran, otros no.

El pequeño Motel Lorraine sirve de refugio para estas jornadas. La habitación 306 contará la historia en primera persona. El silbido de la bala ensordece el silencio. Un minuto pasadas las seis. La lucha y el hombre retumban contra el suelo. Martin cae fulminado.

La violencia se desata. Las protestas encienden las ciudades. El pandemónium corre por las calles. Una a una va cayendo en el torbellino de la bravura. Todas menos una.

La ciudad de Boston tenía marcado su prontuario en la pizarra. Comenzaban las protestas. A solo horas de que Martin cayera la marquesina del Boston Garden Theatre anunciaba por todo lo alto al padrino del soul James Brown. El show estaba en tres y dos. Cuenta definitiva. El concejal de color Toma Atkins le recomendó al alcalde Kevin White, blanco de apellido y blanco de piel, que no suspendiera el concierto. James Brown era un grande que vendía millones. Y Brown era íntimo amigo de Martin.

Acuerdos van y vienen en los pasillos de camerinos. Brown es de malas pulgas. Una palabra mal colocada podría encender la chispa, y la suspensión podría echar más leña al fuego. La decisión es cumbre. En el ambiente flotaba la incertidumbre. Las cartas estaban echadas. El concierto será trasmitido por la televisora estatal y repetido durante toda la noche. La gente decidió quedarse en casa. El funk efervescente de Brown retumba en la tv de cada sala. La ciudad está en calma. La música se transforma en arma de paz y su discurso de amor en contemplación.

Al concluir. En su soledad. Brown escribe el himno más representativo para el movimiento negro y sus derechos civiles. Un grito al cielo. Say It Loud, I’m Black And I’m Proud.

Dilo en voz alta / Soy negro y estoy orgulloso / Dilo en voz alta / Soy negro y estoy orgulloso / una vez más / Dilo en voz alta / Soy negro y estoy orgulloso / He trabajado en trabajos con mis pies y mis manos / Pero todo el trabajo que hice fue para el otro hombre / Y ahora exigimos una oportunidad / Hacer cosas por nosotros mismos / nos cansamos de golpear nuestras cabezas contra la pared / Ahora, somos personas como los pájaros y las abejas / Preferimos morir de pie / Que seguir viviendo de rodillas / Dilo en voz alta / Soy negro y estoy orgulloso / Dilo en voz alta / Soy negro y estoy orgulloso”

*Vicente Corostola es profesor de la Universidad Monteávila

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