Victoria

Felipe González Roa.-

Postales de Praga

Victoria es la sensación que todos tuvieron este martes cuando el rector Francisco Febres-Cordero estrechó la mano de cada uno de los nuevos egresados de la Universidad Monteávila.

Victoria para los 226 jóvenes que con esfuerzo y dedicación alcanzaron el título de licenciados en Comunicación Social, licenciados en Ciencias Administrativas, licenciados en Educación y abogados, y ahora se aprestan para dar sus primeros pasos en el campo profesional.

Victoria también para los 86 nuevos especialistas en Atención Psicoeducativa del Autismo, Comunicación Organizacional, Derecho Procesal Constitucional, Periodismo Digital, Evaluación Educativa y Planificación, Desarrollo y Gestión de Proyectos, quienes no dejaron de abrazar los estudios y siguen firmes en su decisión de perfeccionarse y seguir aprendiendo.

Victoria no es solo obtener un diploma y una medalla. Más allá de los vítores y de los aplausos, en realidad de lo que se trata es de la riqueza interna que todos se llevaron, no solo este martes sino durante todos los años que estuvieron en la UMA, su alma mater.

Victoria es derrotar todos los obstáculos. Estudiar en tiempos de guerra, estudiar en tiempos de dictadura, es toda una proeza. Bien lo recalcaron los lúcidos discursos pronunciados por Félix Allueva y Arturo Jáuregui, brillantes exponentes de una generación que enorgullece a toda la comunidad umaísta.

Victoria en el crecimiento, en la amistad, en el amor, en el compañerismo, en la comprensión de la responsabilidad que toca asumir a partir de ahora. Abrir un espacio para la reflexión y por minutos recordar ese primer día en la universidad, entre nervios y expectativas, y verse hoy en este punto del camino, agradecer por lo recorrido… Y seguir recorriendo…

Victoria por haber tenido la oportunidad de compartir con excelsos profesores, aquellos que no solo impartieron un temario trazado en un programa, sino que se dedicaron a cultivar valores y principios que hoy florecen. Algunos de ellos dicen hasta pronto, como Mercedes González y Rafael Ávila, quienes, aunque ya no los veamos todos los días en aulas y pasillos, perdurarán por siempre en sus enseñanzas.

Victoria, sin duda, es haber podido compartir con un docente de la talla de Fernando Vizcaya, perfecto ejemplo de lo que debe ser no solo un auténtico profesor, sino un maravilloso ser humano: sabio, humilde, dedicado, honesto, apasionado. Un maestro en letras mayúsculas. Todos fuimos sus alumnos.

Victoria que será completa cuando cada uno de ustedes, que hoy contempla embelesado la hermosa medalla y lee y relee el fino diploma, disponga de todo lo aprendido, de toda su capacidad y esfuerzo, para no dejar morir este país, para dibujar rostros y voces en el himno y en la bandera. Para dar siempre la mano amiga a aquel que lo necesite, sin importar destino ni momento, colores ni pensamiento.

Victoria que no dejó de estar con ustedes. Ese hermoso angelito que con una toga alada y un áureo bonete sonreía, con su pasión y con su energía, mientras sus hermanos prometían que estos años sí tuvieron un sentido y también un motivo.

*Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

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