A propósito

Alicia Álamo Bartolomé.-

En tono menor

Entre las gestas del tenis que serán inolvidables en la historia de este deporte, está el partido final del torneo de Wimbledon el 14 de julio de 2019, entre el suizo Roger Federer, No. 3 del mundo y el serbio Novak Djokovic. No. 1. Fue la lucha sin cuartel de dos campeones indiscutibles. Duró 5 horas y si los jugadores quedaron exhaustos, también los espectadores, incluso los que lo vimos por TV cómodamente sentados en nuestro sillón.

No se trataba sólo de un desgaste físico sino emocional, tanto para los jugadores como para todo el público que los siguió en la cancha, como a  través de los medios de comunicación en todo el mundo. El partido más largo en la historia de una final de Wimbledon; el único que ha llegado a obligar a un tie-break en el 5to. set, porque éste alcanzó un empate 12-12. Ninguno se dejaba vencer. Federer le ganó normalmente dos sets a Djpkovic 6-1. 6-4, el serbio sólo pudo vencer al suizo en tie-break , pero fueron tres y ganó al juego. Para mí, Roger ha debido ganar, se le escaparon al menos dos match-point; lo grande de Novak fue su capacidad de reaccionar y eso le valió el triunfo.

Este partido de antología me ha hecho reflexionar hacia otros campos de la actividad humana.  El tenis es sólo un deporte que, como todos los otros, no parece indispensable para vivir un ser humano normal, es más que todo una recreación. Hay muchos hombres y mujeres importantes en la historia por la contribución que han hecho a la civilización con su inteligencia, a través de un oficio, una profesión o un arte y tal vez no practicaron nunca un deporte. Y; sin embargo, al mismo tiempo, pienso que los seres humanos podemos recibir muchas lecciones importantes a través de esta disciplina, como esta del final masculino de Wimbledon 2019: lucha, tenacidad, temple, reacción, absoluta voluntad de ganar.

¡Ah. si nosotros, habitantes del planeta Tierra -el único que tenemos por ahora- tuviéramos esa decisión de los deportistas! ¡Cuántas batallas hubiéramos ganado! O tal vez perdido, pero en buena lid, sin entreguismos prematuros ni desalientos; derrotas iluminadoras para empujarnos hacia arriba. ¡Si los venezolanos supiéramos aprovechar nuestros conflictos!

Nuestra historia es una historia de pérdidas. Nos engolosinamos con la haza de la independencia, ganada aquí y más allá de nuestras fronteras por soldados venezolanos, nos dedicamos a cantar esta gloria, a ensalzar esos héroes hasta la saciedad, pero nos olvidamos de seguir las enseñanzas cívicas que nos dejaron. El más desencantado debe ser Simón Bolívar. Lo hemos encaramado en pedestales, lo hemos hecho cita común en los discursos de gobernantes de cualquier índole de regímenes, dictaduras o democracias, hasta el punto de ensuciar su figura y su memoria. Los historiadores contemporáneos se dedican entonces a desmitificarlo  con un empeño digno de mejor causa, de manera que lo rebajan más y nos dejan sin el chivo y sin el mecate. Pura pérdida.

En estos tiempos, personas que me visitan o me llaman por teléfono,  le has dado por preguntarme que pienso sobre nuestra situación y de si le veo salida, como si yo fuera profeta o bruja. Creo que me buscan, no por lo que yo pueda predecir, pues nada puedo -aunque dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo y, en lo de vieja, pocos me ganan- sino para consolarse, al menos, con mi invencible optimismo. Porque esta es la única virtud que poseo: no dejarme vencer por el desaliento ni las tinieblas. Creo que siempre, absolutamente siempre, hay una solución, una esperanza. De lo contrario, habría dejado de creer en Dios, el omnipotente, justo y misericordioso.

Venezuela tiene una salida. No sé si la veré de este lado del tiempo. Lo que sí presiento con fuerza es que está muy cerca. Hay para nosotros una final mejor que la de Wimbledon 2019.

This article has 1 Comment

  1. Sra. Alicia, UD tiene redes sociales?. Siento que todo el mundo debe leerla!!! Ojalá que está final tenga el final esperado…

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