Los lentes de Alessandro

Emilio Spósito Contreras.-

Los lentes o gafas fueron popularizados por el monje pisano Alessandro della Spina, muerto en 1313. Desde entonces, bien se deba a un defecto congénito o a los males de la edad, usamos lentes para ver con claridad el mundo que nos rodea. No es de extrañar que precisamente en tiempos obscuros, se inventaran los lentes correctores de la visión.

La Edad Media, largo período de unos 1000 años de historia en Europa del Oeste, entre la Antigüedad y la Modernidad, no pudo, no puede, ser fácilmente visualizada.

Primero, porque suele abordarse desde un único punto de vista, el “germano”; obviándose el “bizantino”, imprescindible para entender la suerte de Roma; o el “árabe”, otro pueblo “bárbaro” que ocupó los despojos del antiguo imperio. Segundo, porque en la Modernidad se estigmatizó al Medioevo como un tiempo tenebroso del cual no puede derivarse más que atraso, miseria, ignorancia y superstición.

Pero la realidad es que actualmente tenemos más de germanos que de romanos, más de medievales que de antiguos. Por otra parte, psicológicamente, estamos más próximos a la angustia de los hombres y mujeres que vieron derrumbar su confianza en las formas políticas establecidas, y buscaron huir de sus males retirándose del mundo.

Imagínese a los ciudadanos del Imperio vivir la toma de la ciudad de Roma por los visigodos en 410, o la toma de Jerusalén por los persas en 614. En este último acontecimiento, saquearon la reliquia de la Vera Cruz, guardada desde tiempos de Constantino y santa Helena en la basílica del Santo Sepulcro. Las cruzadas –típicamente medievales– tendrán como objeto la recuperación de reliquias o santos lugares.

No obstante, resulta relevante para nosotros que a pesar de la ruptura, algo sobrevivió de la Antigüedad, más aún, floreció durante la Edad Media, fue precisamente el Derecho, asimilado por los “bárbaros”, recopilado por orden del emperador Justiniano, y acendrado por clérigos en una de las mejores creaciones del período: las universidades: Boloña, París, Salamanca, etcetera.

La escuela desarrollada en torno a la Universidad de Salamanca fue fundamental para la interpretación del mundo tras los viajes colombinos, a través del humanismo, cuyos principales exponentes fueron súbditos de la corona de Castilla. La influencia salmantina se hizo sentir en nuestras tierras, y es el germen de nuestras universidades americanas.

Un filosofo español, José Ortega y Gasset (1883-1955), en su Prólogo a “El collar de la paloma” de Ibn Hazm de Córdoba (aparecido en la recopilación del mismo, Estudios sobre el amor. Salvat. Barcelona 1971), nos ofrece una de las más originales aproximaciones a la Edad Media: la confrontación entre germanos y árabes –entre cristianos y musulmanes–, frente a “Bizancio”, en el marco de las ruinas de la antigua Roma.

En la terminología del italiano Ettore Pais (1856-1939), en su obra Storia della Sardegna e della Corsica durante il dominio romano (edición al cuidado de Attilio Mastino. ILISSO. Nuoro 1999), un horizonte geográfico visto desde Naciente –Constantinopla–, con el Septentrión a la derecha (germanos) y el Mediodía a la izquierda (árabes). El estudio de la Edad Media trata sobre cómo germanos y árabes –con culturas relativamente primitivas– se apropiaron de una cultura superior pero ajena, y en general, fosilizada.

Otro aporte de esa época, como señala el célebre medievalista francés Robert Fossier (1927-2012) en la introducción de la obra colectiva La Edad Media (Crítica. Traducción de Pedro Roqué. Barcelona 1988), es la idea de Europa, evidentemente exitosa en la Modernidad y triunfante alrededor de toda la Tierra.

Por otra parte, aunque se perdieron algunas cosas en el camino, la caballería es quizás la más atractiva y notable expresión del mundo medieval y sin la cual resulta imposible entenderlo. Fossier resalta lo atrayente del tema para el público, especialmente el más joven.

En este sentido, es recomendable para los estudiantes de Derecho enfocar correctamente la Edad Media, para poder entender mejor la Antigüedad, los aproximadamente 300 años de la Modernidad, y enfrentar con éxito el futuro que nos amenaza.

Emilio Spósito Contreras es profesor de la Universidad Monteávila

Deja un comentario