Mas vale maña que chequera

Freddery Díaz.- 

En 3 y 2

Existe una fábula que cuenta la historia de un león, un lobo y un jabalí que, siendo los animales más fuertes y feroces del bosque, arrogantemente deciden retar a un cazador para devorarlo. El cazador neutraliza y mata a las bestias, usando más que nada trucos ingeniosos. La fábula cierra con la moraleja: «más vale maña que fuerza».

El poder en la MLB actualmente reposa en la chequera. Año tras año se ven conjuntos como los Dodgers, los Yankees, los Red Sox que construyen las mejores alineaciones que el dinero puede comprar, con nóminas que superan los 100 millones de dólares al año. Y esta temporada también los Phillies se unieron a ese grupo, al ofrecer sumas astronómicas a Jake Arrieta y Bryce Harper.

Al mismo tiempo, los jugadores empiezan a exigir contratos multianuales cada vez más grandes conforme se convierten en estrellas. Lo que empezó con Robinson Canó hace 6 años con un contrato de 9 años y 225 millones de dólares con Seattle hoy alcanzó limites insospechados: Mike Trout pactó con los Angels por 12 años y 420 millones en el contrato más costoso de la historia y el criollo Ronald Acuña Jr., novato del año en la Nacional, recibirá 100 millones en los próximos 8 años, a pesar de estar cumpliendo hoy su primer año de servicio en las mayores.

Hay que reconocer que en muchas ocasiones ha funcionado esta fórmula. Total, el objetivo es lograr ganar la Serie Mundial y las retribuciones monetarias que esto trae son extraordinarias y gratificantes. Si hay que invertir el PIB de un país pequeño para lograrlo entonces se hace.

Pero en los últimos años se ha visto otra forma de gerenciar en el béisbol. Una que no es tan arriesgada y que ha probado ser acertada: construir con el paso de los años.

Billy Beane, gerente general de los Athletics de Oakland, es el padre del «Moneyball», una fórmula en la que el equipo, que nunca ha contado con mucho dinero, invierte sumas bajas en jugadores que no son muy llamativos pero que hacen las jugadas esenciales. Aunque a el y a su conjunto no le ha funcionado, los Red Sox de Boston usaron este modelo para hacerse campeones en 2004.

En esta misma década, el éxito de los Giants, Astros y Cubs demuestra que la paciencia genera resultados. San Francisco obtuvo las Series Mundiales de 2010, 2012 y 2014 con un equipo hecho unos 5 años atrás, sacrificando estrellas para obtener jugadores prometedores a futuro.

Astros y Cubs perdían más de 100 juegos en los primeros años de esta década (en 2013, cuando los Astros se mudaron a la Liga Americana, perdieron 111 encuentros). Pero construir con novatos equipos a futuro les permitió alcanzar la tierra prometida. Y en sus años de campeonato ganaron mas de 100 partidos  (101-60 para Chicago en 2016 y 103-59 para Houston en 2017).

En cambio, Yankees y Dodgers, acostumbrados a gastar año tras año, viven duras sequías. Los de la gran manzana no alcanzan la Serie Mundial desde 2009 y los de California ganaron por última vez en la década de los 80.

Los contratos multianuales de gran escala tampoco están resultando tan positivos. Sin menospreciar las carreras de Miguel Cabrera o Prince Fielder, las lesiones han disminuido al primero, mientras que acabaron prematuramente con la carrera del otro. Y todo pasó tras firmar grandes contratos. Y es que, en un deporte tan cambiante como el béisbol, no hay ninguna garantía de que un jugador rinda al máximo nivel durante todo un gran contrato, y si eso no sucede, esto termina siendo lastre para los conjuntos, como los Marlins, que todavía está en una reconstrucción que parece eterna debido a que siguen pagando gran parte de los 313 millones por 13 años que recibe Giancarlo Stanton, que hoy juega para los Yankees.

Todos los equipos tienen sus recursos y su derecho de usarlos como les parece, pero últimamente nos damos cuenta que más vale maña que chequera.

*Freddery Díaz es estudiante de la Universidad Monteávila

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