El show debe continuar

Vicente Corostola.-

1991

“Como consecuencia de las grandes conjeturas aparecidas en la prensa en las dos últimas semanas, es mi deseo confirmar que me he hecho las pruebas de VIH y tengo SIDA. Creo que ha sido conveniente mantener esta información en secreto para proteger la intimidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado el momento de que mis amigos y mis fans de todo el mundo sepan la verdad y espero que todos se unan a mis doctores y aquellos que luchan contra esta terrible enfermedad. Mi intimidad siempre ha sido algo especial para mí y soy conocido por las pocas entrevistas que concedo. Por favor, comprendan que esta pauta continuará”

Y así fue. Respetando sus normas. Su pauta. A las pocas horas de sincerarse con el mundo, Farrokh dejó de respirar a consecuencia de una infección broncopulmonar ocasionada por una enfermedad que pocos entendían y muchos temían. Extremadamente delgado, casi ciego y sin apenas tener fuerzas para hablar era la escena de un triste final de la penitencia que comenzaría unos años antes.

1987

La noticia de la muerte de dos amigos íntimos devela la enfermedad que corre por su cuerpo. El secreto a voces deja de ser secreto y los conciertos comienzan a menguar. Su hogar se convierte en clínica a tiempo completo mientras el maquillaje cubre los dolores de su palidez. Las dosis de morfina alivian los dolores de las mil y un batallas que intenta dar su cuerpo. El tren de la realidad lo va destruyendo.

«Probablemente ya se hayan dado cuenta de cuál es mi problema. Bueno, eso es todo y no quiero que nada sea diferente. No quiero que se sepa. No quiero hablar de ello. Solo quiero seguir adelante y trabajar hasta que me caiga».

1991

 El show debe continuar (The Show Must Go On). Así fue el último adiós. El universo teatral dona su frase más célebre. La despedida ya está pactada. Dolorosa, pero esperanzadora. De la mano de Brian May, su gran amigo, el niño tímido de las mil especias deja sus últimas cuatro octavas a manera de epitafio. No hay tiempo para más. Un último shot de vodka para grabar la última toma.

“Sea lo que sea que ocurra / dejaré todo a la suerte / otro desamor / otro romance fallido / una y otra vez… ¿alguien sabe para qué vivimos? / Supongo que estoy aprendiendo / ahora debo de ser más amable / pronto estaré doblando la esquina / afuera está amaneciendo / pero dentro en la oscuridad / deseo ser libre / El show debe continuar.

Mi corazón se rompe por dentro / mi maquillaje se está resquebrajando / pero mi sonrisa aún sigue allí / Mi alma está pintada con las alas de las mariposas / los cuentos de hadas del ayer crecerán pero nunca morirán / puedo volar, amigos míos / El show debe continuar / lo enfrentaré con una sonrisa / nunca me daré por vencido”.

* Vicente Corostola es profesor de la Universidad Monteávila

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