Sobre fakes news (o noticias falsas, que es lo mismo)

Felipe González Roa.-

 Postales de Praga

No es algo nuevo. Ahora simplemente se le ha puesto un sexy nombre anglosajón y se ha “viralizado” el término por internet, con la misma rapidez con la que se difumina el veneno que carga: las fake news, o (en el castellano más puro) noticias falsas, expresión ahora conocida por casi todos, incluyendo aquellos millennials que hoy tantas caras de asco le ponen al periodismo.

Usualmente se asocia con realidades lejanas, más próximas a la América (entiéndase, Estados Unidos) grande otra vez que pretende (sueña) levantar Donald Trump, a o la Rusia socarrona de Vladimir Putin, supuestamente empeñado (o eso al menos, hasta ahora, se ha ventilado en uno que otro tribunal) en entrometerse en cuanta elección de potencia rival tenga delante.

Algunos otros podrán asociar esta expresión con los ya (tristemente) célebres bots, aquellos robotillos que se encargan de la tediosa tarea de replicar, una y otra vez, cualquier tipo de información que se difunda por las redes sociales (incluyendo las mentiras, por supuesto).

Pero hay que estar atentos: las fake news están cerca, muy próximos a nosotros, sobre todo en ambientes donde prolifera el deseo por manipular o los intentos por tapar el sol con un dedo…

Pongamos solo un ejemplo, ocurrido hace muy pocos días: 23 de febrero del 2019 seguidores del presidente encargado Juan Guaidó intentaron pasar por la frontera toneladas de medicinas y alimentos, mientras que el presidente que despacha en Miraflores, Nicolás Maduro, ordenó evitar la entrada de ese cargamento por considerarlo la vanguardia de la intervención extranjera.

Entre protestas, enfrentamientos y represión, uno de los camiones con ayuda humanitaria ardió en llamas. Las primeras sospechas recayeron en el gobierno de Maduro, que inmediato escurrió el bulto y acusó a la oposición de Guaidó.

Una periodista de Telesur difundió unas imágenes en las que, según sostenía, se veía a manifestantes opositores arrojar gasolina sobre el cargamento en llamas. Estas fotos incluso fueron utilizadas por el canciller de Maduro, Jorge Arreaza, quien ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas las utilizó como presuntas pruebas para denunciar el “acoso imperialista” del que, según su versión, era víctima Venezuela…

Esta vez, sin embargo, la verdad encontró dolientes: la periodista Karla Salcedo se reivindicó como autora de esas fotografías y aseguró que lo que los jóvenes arrojaban sobre el camión era agua. Públicamente recriminó a su colega y al funcionario de Miraflores que manipularan la historia narrada por las imágenes para intentar darle sustento al relato oficial.

Las imágenes, con la versión chavista, recorrieron el mundo. Usualmente las fake news no tienen remitente, pero esta vez era reconocible cuál había sido el origen de la manipulación.

 Afortunadamente la periodista Karla Salcedo dio muestras de valentía al públicamente exigir el cese de la mentira. Todavía hoy, varios días después de lo ocurrido, escribe por sus cuentas sociales a todos aquellos que siguen empeñados en replicar la noticia falsa.

Y he aquí la moraleja de la historia: las fake news no son algo nuevo (incluso a pesar de su nombre 2.0), pero tampoco lo es el remedio: enfrentarlos con la verdad, con el lenguaje que lo merece: el ejercicio del periodismo.

En todas las escuelas de periodismo (incluyendo la de la Universidad Monteávila) se enseña la importancia de ir a la fuente para buscar los hechos, después precisar los hechos, luego confirmar los hechos, verificar los hechos, volver a confirmarlos y no dejar de verificarlos, para solo así, después de estar totalmente seguros, publicarlos.

Y lo mismo vale para un amarillento periódico de papel como para una multicolor página web o vertiginosa red social. Jamás se debe replicar una información de la cual no se conozca el origen, siempre hay que verificar todo lo que se escriba o lo que se comente. El periodismo debe ser siempre libre y, al mismo tiempo, responsable (con la verdad, con el público: los ciudadanos)

Cada vez que nos topemos con una fake news simplemente hay que hacer lo mismo de siempre: hacer periodismo.

Esta simple regla no debe ser olvidada. Incluso conviene ser recordada por aquellos millennials que fruncen el ceño cuando se les habla sobre periodismo.

*Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila

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