Repensando la creatividad

Nelly Meléndez.- 

Tic Tac

En la actualidad es común escuchar y hablar de la creatividad y su importancia en la generación de innovaciones de impacto social. Las transformaciones en los procesos actuales del estilo de vida y trabajo están asociados con el desarrollo creativo de tecnologías digitales.

Cuando buscamos en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, se encuentra básicamente la raíz de la creatividad en el acto de crear. No obstante, este acto se vuelve intrascendente sino existe un público receptivo que registre, lleve a la práctica y adopte las ideas creativas. Lo mismo que el sonido de un árbol al caer estrepitosamente en el bosque no se oye si no hay nadie para oírlo.

Al pensar en personas creativas nos viene a la mente individuos como Steve Job, Thomas Edison, Albert Einstein, entre otros a quienes visualizamos como genios que se sobreponen a los obstáculos para imponer sus ideas, olvidando que su existencia no hubiera sido posible sin “los hombros de gigantes”, personas que generaron los conocimientos previos; sin un entorno que estimuló el flujo de las ideas y sin los mecanismos sociales de reconocimiento y difusión de sus aportes creativos.

Lo expuesto nos lleva al reconocimiento de que “la creatividad no solo se produce dentro de las cabezas de las personas sino por interacción entre los pensamientos de una persona y un contexto sociocultural” (Csikszentmihalyi, p. 43).

Con base en lo anterior, una persona con habilidades innatas para el arte, las ciencias, la tecnología o las humanidades, solo se le considerará como una persona creativa si tiene dominio pleno de las reglas su campo y las maneja para transformarlo, y si son reconocidos sus aportes por los especialistas en el área.

Así pues la creatividad no reside solo en la persona, reside en el campo de trabajo y en el ámbito de individuos que actúan como guardianes del saber. Por tanto, los campos pueden favorecer u obstaculizar la creatividad. Por ejemplo, la aparición de tantos artistas de gran valía en el siglo XV se facilitó gracias al impulso de los mecenas, el reconocimiento social de las artes y su uso en el embellecimiento de espacios, además de los avances proporcionados por la imprenta que permitió la divulgación de propuestas arquitectónicas y pictóricas.

La persona creativa necesita acceso al campo, tener acceso a buenas escuelas, mentores y profesores es una ventaja… Quienes proporcionan a sus hijos las ventajas de un entorno lleno de libros interesantes, conversación estimulante, expectativas de promoción educacional, tutores y contactos útiles, apoyan el desarrollo del talento. No obstante, hay quienes carecen de recursos económicos pero tienen firmeza de propósito y se abren paso hacia los centros de enseñanza adecuados que les facilita ser creativos. La suerte de nacer en una familia con recursos no lo es todo (Csikszentmihalyi, p. 75).

El acceso a la información más reciente y la oportunidad de interactuar en ambientes estimulantes, el acceso al ámbito, es importante. Trabajar o ser tutorizado por serios investigadores en el área de interés contribuye en la personalidad creativa.

En resumen, pensar en individuos aislados que generan valiosos aportes a la sociedad e imaginar esa simplificación como la imagen de la creatividad es un error.  La interrelación entre humanos, la valoración de nuevos aportes al saber y las artes por individuos e instituciones reconocidas en el ámbito, además de la coherencia de los nuevos aportes con las reglas simbólicas del campo abordado, es el replanteamiento de la creatividad.

*Nelly Meléndez es profesora de la Universidad Monteávila

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