Volver al periodismo

Felipe González Roa.-

 Postales de Praga

“Debemos recuperar la confianza, y la única manera de hacerlo es recuperar la calma, hacer buenas informaciones, presentarle los hechos a la gente y no ir a programas de televisión a golpear la mesa”, dice Bob Woodward.

Bob Woodward,  uno de los periodistas que hizo caer a todos los hombres del presidente (incluyendo al presidente mismo), es quien pone el dedo en la herida. En una entrevista concedida al diario español El País, publicada el pasado 10 de noviembre, el dos veces ganador del Premio Pulitzer intenta ser una voz de alerta dentro de la vorágine que desde hace mucho tiempo devora al periodismo.

En esa entrevista, altamente recomendada para todo embrión de periodista, Woodward deja muy claro su mensaje: debemos recuperar la cordura.

“En 1972, cuando yo tenía 28 o 29 años, a Carl Bernstein y a mí nos llamaron difamadores. Y nos atacaron todo el tiempo, tratando de convertir el tema en un problema de conducta de la prensa, no del presidente. Y Ben Bradlee nos dijo que nos reafirmásemos en nuestra información, en nuestra investigación, y no nos metiéramos en la pelea. Eso es lo que yo hago ahora”, señala Woodward al recordar sus años como el reportero que hizo estallar el caso Watergate.

A pesar de los cambios que ha habido en el mundo, del irresistible avance de la tecnología y de su indudable impacto en el ejercicio del periodismo, esta profesión no debe apartarse de la esencia que lo define, que no es otra cosa que investigar los hechos, verificarlos, contrastarlos y publicarlos para que los ciudadanos tengan acceso a la información y así puedan formar un pensamiento propio, critico, que constituye la base de todo sistema democrático.

No se trata de un vicio nuevo. El ansia de fama ha perseguido a muchos periodistas, algunos de los cuales han sucumbido a sus mentiras y falsedades. Pero es hoy día, en este mundo dominado por la imagen, con Instagram como principal referencia, con YouTube como plataforma para que cualquiera al menos sueñe con alcanzar el reconocimiento, cuando más claro debe tener el periodista que su objetivo no puede ser simplemente conquistar la gloria. No: su deber debe ser siempre escribir pensando en los otros, en las personas, en el lector, en el espectador, en el usuario…

Solo hay que tener claro que la noticia es siempre la protagonista y el público el único destinatario.

“Katharine Graham, la gran propietaria del Post, nos envió a Carl Bernstein y a mí una carta privada en la que nos dijo: “OK, Nixon ha dimitido y vosotros habéis escrito algunas de las historias: no empecéis a pensar demasiado en vosotros mismos. Dejad que os dé un consejo: tened cuidado con el demonio de la pomposidad, de esa autocomplacencia incapacitante”. Nos dijo que había mucha pomposidad en la prensa”, recuerda Woodward.

Cuando más confundida está una sociedad es cuándo más necesario es el periodismo, pero solo aquel que resalta por su ejercicio honesto y profesional. Hoy, en los peligrosos tiempos que corren en una Venezuela destrozada y en  un mundo sumergido en miedo y angustia, el valor del periodista se multiplica.

Pero ese periodista debe retomar las rutinas originales de la profesión: no olvidar que la realidad está en las calles, no frente al monitor de un dispositivo electrónico; que las historias que se deben contar siempre deben tener contenido humano, no calculadas sobre logaritmos computarizados; que el deber es desafiar al poderoso y ponerse del lado del ciudadano, pero no para endiosarse falsamente.

Bien sea con lápiz y con libreta, con smartphone y con internet, lo que ningún periodista debe olvidar es que, pase lo que pase, simplemente debe siempre volver al periodismo.

 *Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila

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