Birongo, tierra de magia

Miguel González.-

Birongo

Más allá de Guatire, en las profundidades del estado Miranda, se encuentra escondido entre tanto “monte y culebra”, un sitio mágico donde los ríos están llenos de energía.

Es un lugar donde el ritmo no sólo está en el tambor sino en la sangre de sus 4000 habitantes y el aire que se respira es puro y natural con olor a cacao.

Birongo, que significa en el idioma yoruba Lugar oculto del sufrimiento, en sus orígenes era un pequeño poblado donde vivían los negros libres, de ahí su notable influencia africana en su gentilicio y su cultura.

Actualmente Birongo está formado por varios sectores: La Placita, Pueblo Nuevo, Cambural, Marasmita, Guayabal, entre otros, a pesar de sus distintos sectores, todos comparten las mismas tradiciones y el mismo ritmo.

Celebraciones como el Primero de enero, la Cruz de mayo y el San Juan hacen de Birongo una tierra de gozo y alegría.

Al entrar en el camino los árboles forman un túnel angosto de un final brillante que anuncia una realidad desconocida por muchos, conocida por pocos e ignorada por otros.

Las viviendas de colores suelen tener cacao secándose al sol, ancianos conversando con los vecinos sentados en los porches de sus casas viendo el día pasar, niños jugando por todas partes, simulan escenas sacadas de un libro de Gabriel García Márquez.

En pocas palabras se podría decir que su belleza, como dice la canción “Birongo, pueblo de gozo”, es sobrenatural y no ha sido tocada por el tiempo.

Las cuevas de Alfredo Jahn, ríos de agua clara y corrientes suaves, su tierra fértil llena de vida son sólo algunos de los atractivos de la región.

Además de su esencia pueblerina, lo llamativo es la cultura y tradiciones que aún prevalecen y están presentes en todos sus aspectos, desde la agricultura hasta su manera de hablar.

El principal agente cultural de la región son sus pobladores que desde muy pequeños se sienten motivados a conservar la cultura de su pueblo.

Birongo evoca imágenes primitivas de las tradiciones elementales del hombre, parece mentira que en un mundo donde la tecnología evoluciona diariamente aún existan lugares donde los niños corren descalzos, la ropa se lava en ríos y se toca tambor para divertirse.

Parece mentira que a una hora media de Caracas se encuentre un ambiente totalmente distinto del que se vive en la ciudad, donde la tranquilidad supera la necesidad de tenerlo todo. La sencillez es una ley tácita para el bironguero.

*Miguel González es estudiante de la Universidad Monteávila

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